SOLO VIDA
Una palabra ahora.
Solo deseo pronunciar
con toda mi alma
una sola palabra: vida.
Sin que pase sola
hacia la muerte sin más.
Una palabra: vida.
Solo vida.
No existe más belleza que atrapar los sonidos del mundo en unas palabras y ahondar en sus misterios por medio de las palabras de un poema.
SOLO VIDA
Una palabra ahora.
Solo deseo pronunciar
con toda mi alma
una sola palabra: vida.
Sin que pase sola
hacia la muerte sin más.
Una palabra: vida.
Solo vida.
DEJA QUE LLUEVA
Deja que llueva. No te preocupes.
A veces, la tormenta
no tiene por qué ser mala:
solo llega, solo embiste
para limpiar todo lo malo.
Y se necesita un huracán
de catarsis que arramble
una ciudad llena de fantasmas,
hastío, cansancio y sombras
para que amanezca de verdad.
Deja que llueva, aunque duela
esa tempestad que no sabe
de borrascas ni paraguas.
Deja que arrecie esa tormenta
de duda en tu corazón
para que no haya más interferencias
demasiado cotidianas y mundanas
en tu alma fluvial que ansía
encontrar su senda marina.
Y así amanezca al compás
del brillo de tu mirada.
Deja que llueva
para que mañana amanezca
mejor en tu alma.
YA NO BUSCO EL CIELO
Antes quería llegar alto,
subir la montaña más alta,
escalar hasta el último peldaño
de alguna cima corporativa,
y estirar hasta la extenuación
mi aliento para que se convirtiera
en hálito
de éxito y oropel.
Sin duda, me equivocaba.
La grandeza verdadera
no se halla en las grandes cosas,
sino en las pequeñas cosas
que hacen grande la vida.
Ya no busco el cielo,
porque la vida por sí sola
es un río de pasión que desemboca
gigante y genuino en el océano
del alma cuando suena
de verdad el corazón,
sin el ruido infame del mundo.
Ya no busco el cielo,
porque ya estoy en el cielo.
Conmigo, pequeño, humano,
y perfectamente imperfecto,
ya estoy en el cielo.
BARQUITOS DE PAPEL
Ahora mis versos son frágiles,
livianos, ingrávidos
como barquitos de papel,
cuyos velámenes de melancolía
se hallan a merced
de la corriente marina
e inmensa de tu abrazo,
ahora ausentemente poético.
Y mi verbo parece zozobrar
en un mar cuyas olas
son solo embestidas de nostalgia,
que imagino mientras naufrago
dulcemente en los pecios
de anhelarte, de suspirarte, de recordarte.
Pasan los días, que se persiguen
iguales en tardes que desangran
en un tiempo que siempre
duele cuando no pertenece
a algún segundo tuyo.
Y aun así, no me importa
demasiado lo que pueda ocurrir.
Quiero volver a habitarte
como entonces,
cuando tu cuerpo desnudo
desembarca grácil y marino
en las costas de mis manos
abiertas a tu geografía,
cual río de deseo que se agranda
en tu océano de ternura.
Aun en frágiles barquitos de papel.
Aun en mis poemas a la deriva
de tu nostalgia,
quiero volver a amarte.
EN LETRA GRANDE
En letra grande, mi nombre,
mi huella, mi camino.
Marino, celestial, aéreo, etéreo.
En letra grande, en mi alma,
mi nombre, mi ser desnudo:
poesía humana,
en letra grande.
ESCRIBO
Escucho mi silencio.
Y el mar acarrea sus ecos
a la música de mis relojes
sin cadenas en el tiempo
mundano de la ciudad.
Escribo, porque mi corazón
canta con los acordes de la belleza.
Y mi alma grita poesía.
Por eso, escribo.
ATESORAR LA VIDA ES MEJOR
Muchas veces siento que acarreo momentos,
cual losas de horas,
mientras la vida pesa,
como la gravedad sobre el mundo
y las hojas cuya primavera
se desploma de los árboles
al llegar septiembre.
Mientras se desangra dulcemente
el verano en jirones de nubes
que presagian la nueva estación.
Y ya no quiero eso.
No quiero que siga pesando
cada segundo y que se sienta
cada minuto como el castigo
invisible con el que azotan
los relojes a un tiempo
que no sé muchas veces si pasa.
Por eso, hoy cambio de verbo.
Y hablo de atesorar
cada instante,
como la belleza
cuando se reconoce transparente
en la poesía desnuda
y marina del alma.
Sin duda, hoy ya no quiero,
seguir acarreando la vida.
Atesorarla es lo mejor.