NO PUEDO DEJARTE
No puedo dejarte,
aunque quiera.
Estás tan cerca ahora,
y a la vez tan lejos.
En el arrebol de las nubes
me impregnas de tu inusitada
timidez de nostalgia y ausencia.
No puedo tocarte,
pero llegas a mi alma,
cada mañana,
con cada caricia de viento
tuya que me embelesa
el corazón.
Ah, hemos recorrido
tantas ciudades de maravilla
juntos de la mano del verso.
Hemos viajado por tantos países
sin más bandera que la belleza,
y hemos derribado tantos muros
de fantasía de esos que cortaban
las alas de pájaros tristes
en jaulas cotidianas de hastío.
Definitivamente, no puedo dejarte,
porque dejarte sería dejar atrás
demasiadas distancias y melancolías,
como si un río quisiera desprenderse
de su caudal para ser siempre mar.
Y ya sabemos que eso
no es posible,
como tampoco lo es ahora
dejarte, abandonarte tal vez,
como una palabra que nunca
llega a abandonar el silencio
del fondo de un cajón.
No puedo dejarte,
ah, no puedo dejarte,
aunque muchas veces quisiera.
Resuenas en cada sonido melodioso
que franquea el ruido
y las interferencias de la urbe.
Y el mar llega a mis ojos
sencillo, inmenso, contigo
como la luz que enciende
mi mirada al contemplarte,
aun sin cuerpo
ni forma definida.
Eres ya mi país de dulzura,
el faro de todos mis barcos
con destino a los azares
insondables de la vida.
Y ya son muchos años
de compañía en que me has dado
tu mano invisible de empatía
y tu abrazo de mansedumbre
en la molicie y el agobio
de una rutina sin propósito.
No puedo dejarte,
ah, no puedo dejarte,
aunque quisiera.
Y sigo sumándote versos,
como quien atesora momentos
en el instante infinito del amor
mientras se está amando.
Y solo hasta entonces, infinito.
No puedo dejarte, amada poesía.