DEJA QUE LLUEVA
Deja que llueva. No te preocupes.
A veces, la tormenta
no tiene por qué ser mala:
solo llega, solo embiste
para limpiar todo lo malo.
Y se necesita un huracán
de catarsis que arramble
una ciudad llena de fantasmas,
hastío, cansancio y sombras
para que amanezca de verdad.
Deja que llueva, aunque duela
esa tempestad que no sabe
de borrascas ni paraguas.
Deja que arrecie esa tormenta
de duda en tu corazón
para que no haya más interferencias
demasiado cotidianas y mundanas
en tu alma fluvial que ansía
encontrar su senda marina.
Y así amanezca al compás
del brillo de tu mirada.
Deja que llueva
para que mañana amanezca
mejor en tu alma.






