SENCILLO RECORDARTE
Dicen que recordar viene a ser
algo así como volver al corazón.
Por eso, es sencillo recordarte.
Porque siempre retornas
en mi momento al alma.
Mientras en cada segundo
vuelves a pasar por mi corazón.
Sencillo, recordarte.
No existe más belleza que atrapar los sonidos del mundo en unas palabras y ahondar en sus misterios por medio de las palabras de un poema.
SENCILLO RECORDARTE
Dicen que recordar viene a ser
algo así como volver al corazón.
Por eso, es sencillo recordarte.
Porque siempre retornas
en mi momento al alma.
Mientras en cada segundo
vuelves a pasar por mi corazón.
Sencillo, recordarte.
NO SOMOS MUCHO
Lo que somos, supongo
que no es ni demasiado
ni mucho.
En los mapas del mundo
somos poco menos que una mota
de polvo en las cartografías.
Y ni qué hablar de la sinuosa senda
que atraviesa nuestras almas.
De esas nadie sabe, salvo nosotros
cuando nos recorremos la vida,
palmo a palmo, desnudez a desnudez,
como el mar cuando ensancha
el caudal de un río
que parece ansioso
por saber su camino
a la inmensidad oceánica.
Como nuestros corazones
cuando se inundan
de un clamoroso silencio,
de cuyos acordes
solo sabe nuestra música
de arrumacos, abrazos y miradas
que cuentan nuestra historia,
aun sin palabras.
No somos mucho, pero ahora
nos basta con nosotros.
Yo lo sé. Tú lo sabes.
Nosotros lo sabemos.
No somos mucho para el mundo,
pero somos todo para nuestro mundo.
SIN EL MUNDO
Sin el mundo.
Ahora estoy tranquilo
solo, en el mundo,
pero sin el mundo.
En mi silencio, el alma retruena,
como una dulce tormenta de quietud
que me inunda de mar el corazón.
Y en un momento, solo y mío,
sin el mundo, soy el mundo.
Tranquilo, soy el mundo.
DEMASIADO TIEMPO PARA OTROS TIEMPOS
Demasiado tiempo para otros tiempos.
Llevas toda la vida
siguiendo los acordes
de una armonía ajena,
y cuando irrumpe el silencio
en tu habitación,
tal vez te preguntas:
¿dónde ha quedado mi música?
No te preocupes. Aún hay tiempo
para que dejes atrás otros tiempos
y pertenezcas a tu tiempo.
Dejes de ser lámpara
de noches ajenas,
y te conviertas en el faro
de tu barco existencial
en el océano incierto,
pero maravilloso, de la vida.
Escucha tu alma, sin ruido.
Y el corazón entonces
empezará a latir en cada paso
de tu camino propio,
sin desvíos.
Sin otros tiempos
que malgasten tu valioso instante.
En este momento, sé tu momento.
VIDA MARAVILLOSAMENTE INCONSTANTE
Hace algún tiempo quería
que todo fuera en línea recta.
Mi camino, sin demasiadas curvas.
Demasiado miedo de los accidentes
y los acíbares de un destino
futuro que no acababa de llegar.
Ahora, que estoy aprendiendo a caminar
por caminar, sin más, me pregunto
por qué he de preocuparme
sobre dónde caerá mi siguiente pisada.
¿Acaso el río sigue una senda recta
en su encuentro glorioso con el mar?
¿Acaso la lluvia llega sin que la desencadene
una tormenta antes?
Entonces, ¿por qué mi camino
ha de ser erróneo por las curvas,
si la misma naturaleza es curva,
como la hojarasca que cae
de los árboles en otoño?
En este momento, soy el momento.
Y dejo sin más que mi vida fluya,
maravillosamente inconstante.
Con sus curvas y desperfectos,
la vida, maravillosamente inconstante.
LLUEVE LA VIDA
Ahora hay tormenta.
Sin embargo, no quiero
que amaine esta dulce tempestad.
Porque llueve a borbotones la vida.
Y se incendia de verbo
la aparente quietud
de las cosas cotidianas.
Más allá de la lluvia que moja
al diluviar las aceras,
e impregna de petricor la tierra.
Hoy llueve la vida,
mientras se me inunda
el alma de belleza de poesía.
No quiero que pare esta tormenta,
mientras siga lloviendo
a borbotones la vida.
DEMASIADAS
ESPERAS
Ahora contemplo la ciudad que emerge afuera de mi ventana. Una cola
de gente aguarda unos minutos la llegada del bus. Algo cotidiano. Algo mundano.
Una de las tantas acciones que llevamos a cabo en nuestra cotidianidad. Sin
embargo, mientras los observo no puedo evitar que me venga una pregunta, quizás
algo tonta, a la mente: ¿no podríamos extrapolar esta espera normal a cuantas
hacemos, casi de forma inconsciente, a lo largo de toda nuestra vida?
Acabo de soplar cuarenta y una
velas. Según la esperanza de vida, me hallo en el ecuador de mi vida. En el
verano de mi existencia, si lo miramos desde un punto de vista espiritual. Sin
embargo, a veces, siento como si una cohorte invisible de sombras se cerniera
sobre mi espíritu y tratara de eclipsar mi luz. Me invita a seguir la senda del
rebaño, la carrera hacia lo que siento que llega a ninguna parte. Y no puedo
evitar sentir aquello que quizás se conoce como desconcierto e incertidumbre.
Ahora bien, si soy
sincero, en ese momento de duda que aparece cual faro de lucidez en un
laberinto de decisiones fútiles. En el silencio es cuando ya me encuentro donde
quiero estar. Conmigo. Sin las expectativas de mi empresa o de un mercado que
me empuja a un precipicio de cifras y productividad donde poco importa el ser.
Ahora yo, conmigo. Aquí. En el regalo de mi presente, siento que llevo
demasiado tiempo esperando. Porque, tal vez, ya tengo todo lo que esperaba. Mi
verdad. Que no espera. Que simplemente es.