MÚSICA PARA EL ALMA

miércoles, 17 de junio de 2026

LENTITUD Y SILENCIO




LENTITUD Y SILENCIO


Lentitud y silencio.

El camino no puede admirarse

si la prisa toma las riendas.


Y en el ruido cotidiano

no se puede escuchar el mar

que encierra la belleza del alma,

clara y natural.


Lentitud y silencio.

Tal vez, todo corre demasiado.

Y en la sintonía genuina del corazón

no caben las interferencias mundanas.


Por eso, cuando te sientas cansado,

détente y escucha la vida,

sin más.


En perfecta lentitud

y en perfecto silencio.

RECREARNOS

 



RE-CREARNOS

 

            Todos somos estrellitas fugaces de distinto brillo e intensidad. Astros de conciencia que, al desnudar su resplandor, encienden las mentes que vibran en su misma sintonía universal. Supongo que eso es lo que en realidad implica que las almas despierten a su infinitamente pura y genuina raíz. Aquella que quizás se esfumó un rato cuando trataron de eclipsar, sobre todo en nuestra infancia, esa lucecita de poesía que se pregunta por el misterio tras la aparente sencillez de las cosas y cuya duda es faro en nuestro viaje por los inciertos mares de la existencia. Cuando aún era posible volar sobre los lápices o navegar hacia otras tierras a lomos de la imaginación, sin más barco que el recreo de nuestra fantasía. Y es maravilloso. Saber que todo eso es cierto y que todos somos ciertos. Que somos verdad única en un todo universal. Y que aún, en momentos como hoy, hay tiempo para volver a ser esa luz de otrora y ahora. Para  recrearnos. Y re-crear. 

domingo, 14 de junio de 2026

TESTAMENTO


 



TESTAMENTO

 

            Hoy quiero dejar por escrito un humilde testamento. No voy a alargarme demasiado. Solo deseo que, en unas pocos líneas, mis días persistan más allá de los calendarios, cuando mi alma parta hacia otro cuerpo, hacia otro ser. Solo quiero que, después de mí, tal vez estas palabras no se esfumen como la lluvia cortada en la acera cuando amaina la tormenta. Como el petricor que se diluye cuando el verano vuelve a agostar los campos. Quiero que este verbo perviva más allá de mi acción. Por eso, quiero que esta pequeña reflexión sirva a modo de pequeño testamento, cual testimonio de mi breve y casi invisible paso por este mundo. Para que algún recuerdo sincero y amigable me albergue y perpetúe en su también ínfimo instante, tal vez. Para que mis ríos de verbos y abrazos encuentren desembocadura en algún océano de nostalgia, cuando ya mi caudal de vida se haya extinguido. Por eso, hoy escribo mi pequeño testamento y les deseo a todos “hasta la vida”.

sábado, 13 de junio de 2026

LA HISTORIA DE TU DESNUDEZ




HISTORIA BREVE DE TU DESNUDEZ


Te imagino ahora.

Estás a una nostalgia de distancia.



Tu desnudez de entonces,

de cuando éramos río de caricias

con desembocadura en el deseo,

es ahora un libro abierto

de milagros que aún mis manos

quieren seguir leyendo,

palmo a palmo,

línea a línea,

arrumaco a arrumaco.


Es cobijo en la tormenta,

verano en el invierno cotidiano

de mi lóbrega existencia.


Y solo quiero, a veces,

que vuelva a ser primavera

en nuestros cuerpos,

mientras fecundamos la tierra

de nuestros abrazos en las ganas.


Así es ahora la breve historia

de tu melancólica desnudez,

cuando la releo a solas

en las páginas de mi soledad.


A una nostalgia de distancia,

sigue resonando el eco

de tu historia  desnuda.


 

DIFERENCIA DE QUERERTE




DIFERENCIA DE QUERERTE


Ahora te quiero. No sé cómo.

Te quiero, aunque no seas ahora,

solo antes y después, tal vez.


De forma diferente.

Desde el sabor agridulce

de escribir un cielo de nostalgia

para rozar tu ausencia.


Te quiero, sin saber cómo.

Pero lo cierto es que te quiero.

Desde una palabra que te toca

desde el viento que acarrea

un momento de vuelo ingrávido,

un instante tuyo en el abrazo

onírico de crearte un segundo

infinito en la metáfora.


Aunque solo seas antes y después.

Y ahora solo te quiera,

sin saber muy bien cómo.


Esa es la diferencia entre querer ahora,

y la diferencia de quererte.


Que aunque solo seas antes y después,

te quiero,

sin saber por qué,

ni cuándo ni dónde.


Sin saber muy bien cómo. 

viernes, 12 de junio de 2026

¿AMANECER O AMAR NACER?




¿AMANECER O AMAR NACER?

 

            Hace unos días, alguien me planteó lo siguiente: ¿amanecer o amar nacer? Hoy, mientras recorría los sombríos y enormes pasillos de un centro comercial, observaba los rostros taciturnos y resignados con que arrancaba una espléndida jornada la mayoría de la gente que pasaba por mi lado. Algunos, absortos en sus móviles. Otros, cabizbajos mientras sorbían algún café algo agridulce al saberse cerca de otra jornada rutinaria. Amanecía, pero la luz del día no parecía reflejar con la misma intensidad en sus miradas. Amanecía, sí, pero solo en los calendarios. Como otro día que persigue el siguiente en algún almanaque en el que se van tachando fechas como se va descartando una pequeña estrellita de alegría del cansancio de lo urbanamente cotidiano.

            Sin duda, en ese instante, resultaba irremediable que me viniera tal interrogante a la mente. ¿Acaso hemos olvidado la gran fortuna que supone poder contemplar un nuevo día de nuestras vidas sin que, tal vez, el dolor o alguna otra triste causa nos ciegue la vista y el alma para admirarlo? ¿En qué momento lo sencillo de existir pasó a un segundo o tercer plano? ¿Y en qué momento se nos dijo que la inmensidad del mar y los sueños se limitaban a una nómina y a sobrevivir tras haber nacido? A veces, tengo la impresión de que seguimos habitando una caverna invisible. El Sol brilla sobre nosotros, pero no siempre logra penetrar en nuestro ser. La respuesta más certera quizás pueda ser que, cada día, ejerzamos nuestro derecho a amar nacer. Con el amanecer siempre en la mirada, aunque afuera se ciernan sombras de duda o incertidumbre por un futuro que no llega, más allá de ahora. Amemos nacer.


domingo, 7 de junio de 2026

NUESTROS SILENCIOS SE ENTIENDEN



NUESTROS SILENCIOS SE ENTIENDEN


Sin palabras. Sin ecos

resonantes en el repiqueteo

de la tormenta cuando llueve.


Sin excesiva música

más allá de las ventanas

de maravilla en que se asoma

el dulce delirio de soñar.


Y sin más distancia

que un centímetro de nostalgia

en los vericuetos del recuerdo.


Sin palabras, sin ecos.

Solo con la poesía que rezuma

de nuestras miradas al tocarnos

el alma con la piel ahora desnuda

y ausente de la melancolía.


Somos barcos de remembranzas

en un océano de silentes arrumacos.


Así, sin aspavientos,

nuestros silencios se entienden.