ESCRIBO
Escucho mi silencio.
Y el mar acarrea sus ecos
a la música de mis relojes
sin cadenas en el tiempo
mundano de la ciudad.
Escribo, porque mi corazón
canta con los acordes de la belleza.
Y mi alma grita poesía.
Por eso, escribo.
No existe más belleza que atrapar los sonidos del mundo en unas palabras y ahondar en sus misterios por medio de las palabras de un poema.
ESCRIBO
Escucho mi silencio.
Y el mar acarrea sus ecos
a la música de mis relojes
sin cadenas en el tiempo
mundano de la ciudad.
Escribo, porque mi corazón
canta con los acordes de la belleza.
Y mi alma grita poesía.
Por eso, escribo.
ATESORAR LA VIDA ES MEJOR
Muchas veces siento que acarreo momentos,
cual losas de horas,
mientras la vida pesa,
como la gravedad sobre el mundo
y las hojas cuya primavera
se desploma de los árboles
al llegar septiembre.
Mientras se desangra dulcemente
el verano en jirones de nubes
que presagian la nueva estación.
Y ya no quiero eso.
No quiero que siga pesando
cada segundo y que se sienta
cada minuto como el castigo
invisible con el que azotan
los relojes a un tiempo
que no sé muchas veces si pasa.
Por eso, hoy cambio de verbo.
Y hablo de atesorar
cada instante,
como la belleza
cuando se reconoce transparente
en la poesía desnuda
y marina del alma.
Sin duda, hoy ya no quiero,
seguir acarreando la vida.
Atesorarla es lo mejor.
MI HUELLA
Mi huella. Mi humana huella
ahora es algo más
que una pisada del camino.
Es universal, oceánica, mágica.
Inmensa en mi álmica
y vasta pequeñez.
Mi huella ahora es camino,
y salto, y vuelo hacia la plenitud
de encontrarme en mi senda.
Con mis pies atados al alma.
Mi huella. Mi humana
universal y oceánica huella.
OTRA PUERTA
Ahora quiero algo distinto.
Deseo que hoy suceda
algo más que otro día.
Quiero abrir otra puerta
que da a una casa
que, según dicen,
viene a dar una morada
de la cual no saben los catastros.
Una casa inmensa como el mar
que se mira en los espejos
translúcidos del alma,
cuando no pesa la gravedad
de la rutina en el corazón.
Una casa ligera, liviana, ingrávida,
como el vuelo del aire
cuando se acompaña del viento
que solo acarrea hojas secas
de otoño, sin más polvo ni manchas.
Ahora, sin duda,
quiero algo distinto.
Quiero, tal vez, que las cosas
hagan algo más que sucederse.
Y que el ruido
deje al fin de confundirse
con la música de vivir.
Quiero sucederme.
Y, por eso, quiero abrir
otra puerta de cuya llave
solo sé yo cuando se expanden
las alas de la verdad a mi vuelo
propio, sin otros viajes,
de esos que solo pasan.
Quiero abrir otra puerta.
La puerta inmensa
y oceánica de mi alma.
CANTA MI ALMA
Suena la música. El silencio
concuerda con los acordes
que vibran en este instante.
Y sin ruidos, puedo decir
que la ciudad parece cantar
algo más que ruidos extraños
de funerales demasiado tempranos.
Suena la música. Por un momento,
en mi momento, llega la vida
como un presente liviano
sin la gravedad de lo cotidiano.
Y soy feliz, porque en el silencio,
junto con el mar cuyos ecos
resuenan al compás del corazón,
escucho una canción cuyo concierto
de amapolas en un invierno
de tristezas y rostros cabizbajos
nadie salvo yo escucha.
Soy feliz. Más feliz que canta
porque en mi silencio ahora
suena la música de la vida,
mientras canta mi alma.
ESCUCHO DE VERDAD
Ahora escucho. De verdad escucho.
Mi silencio grita más alto
que todos los ruidos del mundo,
y brama mi alma como un río
de dulce tempestad que ansía
desatarse en mi océano de quietud.
Y escucho. Escucho de verdad
un verbo que no habla,
pero conmueve todo alrededor:
los latidos de mi ser,
con toda mi alma en ristre.
Mi silencio ahora grita,
sin las interferencias de la ciudad.
Y escucho, escucho de verdad
a mi vida, con acordes
que desbordan lo cotidiano.
Con toda mi alma
en ristre, escucho de verdad.
MEJOR NO ENTIENDO
Ahora no entiendo nada,
solo porque tal vez
no toca entender nada.
Así como el río desea agrandarse
al abrazar la inmensidad del mar,
debo abandonar un rato el mundo,
y colmar mi mente de vacío
para inundarme del mar tronante
del sosiego que brama
en la quietud de mi alma.
Mejor quizás que no entienda.
Porque puede que solo toque
escuchar en silencio el corazón.