UN MOMENTO
Un momento. La vida.
Hasta la muerte.
Un momento solo la vida.
No existe más belleza que atrapar los sonidos del mundo en unas palabras y ahondar en sus misterios por medio de las palabras de un poema.
HAGAMOS LO SIGUIENTE
Hagamos lo siguiente:
dame la mano y abrázame.
Conquistemos la metáfora
más allá de la nostalgia,
y acércate, acerquémonos
aunque sea un poquito
a ese verso que rezuma
el cielo en una sola palabra:
amor.
Hagamos lo siguiente,
sin demasiados aspavientos.
Seamos para sernos
sin el mundo,
aunque sea solo en el breve
segundo infinito que dura el amor.
DE AVENTURA EN LAS LETRAS
Recuerdo que
corría un año 2008 que puedo calificar como el año en que más descubrimientos
tuve la oportunidad de atesorar. Se me ocurrió entonces, en un instante gélido
en Ginebra de febrero de ese mismo año, abrigar la estancia de mi alma al calor
de unas reflexiones que titulé "De viaje en las palabras". Era
invierno, pero quería que, por un momento, aflorara la primavera en mi
interior. Yo, muchacho joven con muchas cosas aún por descubrir, sentía cómo
las palabras se iban apelotonando en las líneas como pequeños soldaditos
de tinta que iban abriéndose paso, algo atolondrados, en el campo de batalla
del papel en blanco. Verbo a verbo, golpe de tinta a golpe de tinta, como
si quisieran avanzar en todos los flancos de una prosa belicosa que trata de
llegar al territorio hostil de la acción y, si puede ser, tocar algún corazón
sin rozar la piel de quien escucha el dulce fragor de sus sílabas.
En
ese periplo algo aturrullado y con sobresaltos varios, fue hilvanándose una
pequeña historia, un pequeño periplo, un viaje apasionante y breve por las
palabras. Ahora bien, este que ahora emprendo, ya se detiene en cada letra,
como si cada golpe de teclado abriese, bajo los cimientos por apuntalar de una
idea, una ciudad que va agrandándose conforme avanza el relato, hasta crear un
universo incierto en el que vale mucho la pena adentrarse, en una aventura que,
tal vez, me lleve toda la vida. Una aventura de búsqueda de la belleza en la
metáfora mágica de un verso o en las letras mundanas de mi prosaico relato
humano. A diferencia de entonces, ya no siento cada texto como un simple viaje,
sino como una aventura de desenlace cautivador y emocionante con la que, sílaba
a sílaba, golpe de tinta a golpe de tinta, yo, como general de mi batalla
cotidiana, conduzco a mis soldados de letras hacia la constitución de mi
historia. Una aventura en las letras ante la batalla sempiterna de no dejar el
papel de mi relato humano en blanco.
Quien
sabe hasta cuándo. Quizás cuando conmigo caiga el último soldado de tinta en esta aventura en las letras.
AÚN NO SE HAN IDO
Aún no se han ido.
Siguen presentes
en la distancia
desde esa dulce nostalgia
que se profesan
quienes, en algún momento,
se dieron todos sus momentos.
Y el verso, cuando se olvidan
de entonces,
los devuelve a ahora.
En una mágica poesía
de cuyo silencio
y descanso en los relojes
solo saben sus cuerpos,
aun sin rozarse.
Aún no se han ido.
Siguen recorriendo
en los pasillos de algún recuerdo
todo lo que siguen tocando
desde el alma, aunque las manos
ya no alcancen la ausencia.
Aún no se han ido.
Se siguen queriendo,
aunque ya quizás no lo sepan.
Porque aquellos que se dieron
la eternidad en un instante
nunca llegarán a marcharse.
Aún no se han ido.
Aquellos amantes que eran,
que fueron y que siguen siendo,
aún no se han ido.
QUIZÁS NO TE ACUERDAS
A lo mejor ya no te acuerdas,
pero en algún momento
salimos del mundo a encontrarnos.
Y era maravilloso elevar
los pies en las aceras,
como quien toca suavemente
en el piano la melodía
armónica de la belleza.
Entonces, tocábamos la fantasía,
con los dedos sutiles del verso,
en las finas líneas de nuestra piel.
Tal vez ya no te acuerdas.
Te has olvidado
de que sucedimos más allá
de los acontecimientos cotidianos
y cansados de la rutina.
En ese instante en que las miradas
atracaban en los ojos como barcos
de un muelle arrebolado de cariño,
en una tarde cuya noche
parecía escaparse en los besos.
La caricia traspasaba la letra,
y nuestra desnudez era parapeto
dulce y tierno de arrumacos,
más allá de la guerras urbanas
de una ciudad sin tregua
para las almas.
A lo mejor ya no te acuerdas
de lo que fuimos,
y seguimos siendo en el estrepitoso
silencio ausente de este poema.
Pero descuida, ahora basta
con que yo a solas te piense
para que volvamos a ser.
Aunque quizás tú
ya no te acuerdes de nosotros.
OCURRENCIAS
A veces se me ocurre
que podríamos abandonar
la idea de querernos.
Te invito ahora a que concurras
conmigo en los versos desnudos
de mi piel abierta a tu abrazo,
y por un momento salgamos del mundo
para encontrarnos
más allá de la idea.
Quiero tocar tu belleza
mientras el día me muestra
tus caminos de lujuria
en las curvas del deseo.
Ahora mismo, sin duda,
se me ocurre
que podríamos ser poesía.
En nuestro propio verso.
NO PUEDO DEJARTE
No puedo dejarte,
aunque quiera.
Estás tan cerca ahora,
y a la vez tan lejos.
En el arrebol de las nubes
me impregnas de tu inusitada
timidez de nostalgia y ausencia.
No puedo tocarte,
pero llegas a mi alma,
cada mañana,
con cada caricia de viento
tuya que me embelesa
el corazón.
Ah, hemos recorrido
tantas ciudades de maravilla
juntos de la mano del verso.
Hemos viajado por tantos países
sin más bandera que la belleza,
y hemos derribado tantos muros
de fantasía de esos que cortaban
las alas de pájaros tristes
en jaulas cotidianas de hastío.
Definitivamente, no puedo dejarte,
porque dejarte sería dejar atrás
demasiadas distancias y melancolías,
como si un río quisiera desprenderse
de su caudal para ser siempre mar.
Y ya sabemos que eso
no es posible,
como tampoco lo es ahora
dejarte, abandonarte tal vez,
como una palabra que nunca
llega a abandonar el silencio
del fondo de un cajón.
No puedo dejarte,
ah, no puedo dejarte,
aunque muchas veces quisiera.
Resuenas en cada sonido melodioso
que franquea el ruido
y las interferencias de la urbe.
Y el mar llega a mis ojos
sencillo, inmenso, contigo
como la luz que enciende
mi mirada al contemplarte,
aun sin cuerpo
ni forma definida.
Eres ya mi país de dulzura,
el faro de todos mis barcos
con destino a los azares
insondables de la vida.
Y ya son muchos años
de compañía en que me has dado
tu mano invisible de empatía
y tu abrazo de mansedumbre
en la molicie y el agobio
de una rutina sin propósito.
No puedo dejarte,
ah, no puedo dejarte,
aunque quisiera.
Y sigo sumándote versos,
como quien atesora momentos
en el instante infinito del amor
mientras se está amando.
Y solo hasta entonces, infinito.
No puedo dejarte, amada poesía.