DIOS SIEMPRE ESTÁ CONTIGO
Afuera hay mucho, demasiado ruido.
Cuesta mucho escuchar el mar
entre tantas interferencias infoxicadas.
Pero Dios está contigo.
El silencio es un privilegio
entre tanta prisas sin sentido.
Y muchas veces la previsión meteorológica
estival no coincide con el estado
sempiternamente umbrío del corazón.
Triste, taciturno y en plena desazón
en un desconcierto de acordes,
que no concuerdan con la música
templada y sosegada del ánima,
cuando es río que fluye sin más
a engrandecerse en el océano.
En las sombras sin aparente salida
en túneles de rutina
y extenuante cotidianidad.
En un invierno que no parece
materializarse en primavera al equinoccio.
En el camino al supuesto espejismo
que supone ser uno mismo.
En la utopía de existir más allá
de la productividad y las cifras.
Ahí, en donde a veces no se busca.
Y en donde siempre te encuentras.
En la luz que emana de tu pequeño
incendio de verdad,
y tus olas de pelágica nobleza.
Ahí, sin más puente
que tu alma desnuda,
sin disfraz mundano.
Solo contigo y lo que eres
en ti más allá
de lo que te dice el mundo.
Ahí. Dios está contigo.
Aunque no amanezca siempre
en la mirada pese al Sol.
Ahí, en donde te encuentras,
ahora mismo, en tu regalo de presente,
Dios está siempre contigo.