MÚSICA PARA EL ALMA

viernes, 24 de julio de 2026

BARQUITOS DE PAPEL




BARQUITOS DE PAPEL


Ahora mis versos son frágiles,

livianos, ingrávidos 

como barquitos de papel,

cuyos velámenes de melancolía

 se hallan a merced

de la corriente marina

e inmensa de tu abrazo,

ahora ausentemente poético.


Y mi verbo parece zozobrar

en un mar cuyas olas

son solo embestidas de nostalgia,

que imagino mientras naufrago

dulcemente en los pecios

de anhelarte, de suspirarte, de recordarte.


Pasan los días, que se persiguen

iguales en tardes que desangran

en un tiempo que siempre

duele cuando no pertenece

a algún segundo tuyo.


Y aun así, no me importa

demasiado lo que pueda ocurrir.


Quiero volver a habitarte

como entonces, 

cuando tu cuerpo desnudo

desembarca grácil y marino

en las costas de mis manos

abiertas a tu geografía,

cual río de deseo que se agranda

en tu océano de ternura.


Aun en frágiles barquitos de papel.

Aun en mis poemas a la deriva

de tu nostalgia,

quiero volver a amarte.


martes, 21 de julio de 2026

EN LETRA GRANDE




EN LETRA GRANDE


En letra grande, mi nombre,

mi huella, mi camino.


Marino, celestial, aéreo, etéreo.

En letra grande, en mi alma,

mi nombre, mi ser desnudo:

poesía humana,

en letra grande. 

lunes, 20 de julio de 2026

ESCRIBIR



ESCRIBO


Escucho mi silencio.

Y el mar acarrea sus ecos

a la música de mis relojes

sin cadenas en el tiempo

mundano de la ciudad.


Escribo, porque mi corazón

canta con los acordes de la belleza.


Y mi alma grita poesía.

Por eso, escribo. 

domingo, 19 de julio de 2026

ATESORAR LA VIDA ES MEJOR




ATESORAR LA VIDA ES MEJOR


Muchas veces siento que acarreo momentos,

cual losas de horas,

mientras la vida pesa,

como la gravedad sobre el mundo

y las hojas cuya primavera

se desploma de los árboles

al llegar septiembre.


Mientras se desangra dulcemente

el verano en jirones de nubes

que presagian la nueva estación.


Y ya no quiero eso.

No quiero que siga pesando

cada segundo y que se sienta

cada minuto como el castigo

invisible con el que azotan

los relojes a un tiempo

que no sé muchas veces si pasa.


Por eso, hoy cambio de verbo.

Y hablo de atesorar

cada instante, 

como la belleza

cuando se reconoce transparente

en la poesía desnuda

y marina del alma.


Sin duda, hoy ya no quiero,

seguir acarreando la vida.


Atesorarla es lo mejor.


MI HUELLA




MI HUELLA


Mi huella. Mi humana huella

ahora es algo más 

que una pisada del camino.


Es universal, oceánica, mágica.

Inmensa en mi álmica

y vasta pequeñez.


Mi huella ahora es camino,

y salto, y vuelo hacia la plenitud

de encontrarme en mi senda.


Con mis pies atados al alma.

Mi huella. Mi humana

universal y oceánica huella. 

sábado, 18 de julio de 2026

OTRA PUERTA




OTRA PUERTA 


Ahora quiero algo distinto.

Deseo que hoy suceda

algo más que otro día.


Quiero abrir otra puerta

que da a una casa 

que, según dicen,

viene a dar una morada

de la cual no saben los catastros.


Una casa inmensa como el mar

que se mira en los espejos

translúcidos del alma,

cuando no pesa la gravedad

de la rutina en el corazón.


Una casa ligera, liviana, ingrávida,

como el vuelo del aire

cuando se acompaña del viento

que solo acarrea hojas secas

de otoño, sin más polvo ni manchas.


Ahora, sin duda, 

quiero algo distinto.


Quiero, tal vez, que las cosas

hagan algo más que sucederse.


Y que el ruido

deje al fin de confundirse

con la música de vivir.


Quiero sucederme.


Y, por eso, quiero abrir

otra puerta de cuya llave

solo sé yo cuando se expanden

las alas de la verdad a mi vuelo

propio, sin otros viajes,

de esos que solo pasan.


Quiero abrir otra puerta.

La puerta inmensa

y oceánica de mi alma.


viernes, 17 de julio de 2026

CANTA MI ALMA




CANTA MI ALMA


Suena la música. El silencio

concuerda con los acordes

que vibran en este instante.


Y sin ruidos, puedo decir

que la ciudad parece cantar

algo más que ruidos extraños

de funerales demasiado tempranos.


Suena la música. Por un momento,

en mi momento, llega la vida 

como un presente liviano

sin la gravedad de lo cotidiano.


Y soy feliz, porque en el silencio,

junto con el mar cuyos ecos

resuenan al compás del corazón,

escucho una canción cuyo concierto

de amapolas en un invierno

de tristezas y rostros cabizbajos

nadie salvo yo escucha.


Soy feliz. Más feliz que canta

porque en mi silencio ahora

suena la música de la vida,

mientras canta mi alma.