ELLA NO SE MARCHARÁ NUNCA
Ella no se marchará nunca.
Seguirá mirándome
desde los ojos infinitos
añiles y marinos del alma.
Cuando arrecie la tristeza,
llegará su recuerdo
como una meliflua tempestad,
cuyo huracán solo arramblará
los dulces muelles de mi melancolía
con el suave tacto
de su sempiterna sonrisa.
Aunque ahora haya de buscarla
a algunos centímetros de nostalgia.
Y vendrá siempre vestida de cielo
cuando se abra al firmamento
mi corazón y suene el llanto
en una sístole-diástole de anhelo.
Ella no se marchará nunca
porque será como una barca
que siempre vuelve al puerto
cuando la reclama el viaje.
Mientras quede recuerdo,
y a un centímetro de nostalgia,
ella, mi madre,
no se marchará nunca.






