EL VACÍO QUE DEJAS
Ahora vuelves a marcharte.
Tras el tacto queda el anhelo,
y las ganas de que, tal vez,
en un abril y cerrar de ojos
retornes en el santiamén
que supone no olvidarte nunca.
El cansancio se ha acabado,
y llega la fatiga de nostalgiarte
casi al estilo de Benedetti,
tendiendo puentes de tinta
hacia el corazón del recuerdo.
El vacío que dejas
es casi un abismo insalvable
que solo bordea el poema,
casi al filo de la tristeza.
Pero ahí sigue el mar,
infinito colmándolo,
mientras se sigue mirando
al espejo de tu ausencia,
el vacío que dejas.
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