CANTA MI ALMA
Suena la música. El silencio
concuerda con los acordes
que vibran en este instante.
Y sin ruidos, puedo decir
que la ciudad parece cantar
algo más que ruidos extraños
de funerales demasiado tempranos.
Suena la música. Por un momento,
en mi momento, llega la vida
como un presente liviano
sin la gravedad de lo cotidiano.
Y soy feliz, porque en el silencio,
junto con el mar cuyos ecos
resuenan al compás del corazón,
escucho una canción cuyo concierto
de amapolas en un invierno
de tristezas y rostros cabizbajos
nadie salvo yo escucha.
Soy feliz. Más feliz que canta
porque en mi silencio ahora
suena la música de la vida,
mientras canta mi alma.

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