SOLO DENTRO
Afuera parece que el mar
rompe, y grita, y se expande.
Pero todo no es más que cemento,
y la ciudad y el mundo se imponen
a mi pequeñez humana.
Por eso, solo dentro ahora
busco mi grandeza.
Con el alma, solo dentro.
No existe más belleza que atrapar los sonidos del mundo en unas palabras y ahondar en sus misterios por medio de las palabras de un poema.
SOLO DENTRO
Afuera parece que el mar
rompe, y grita, y se expande.
Pero todo no es más que cemento,
y la ciudad y el mundo se imponen
a mi pequeñez humana.
Por eso, solo dentro ahora
busco mi grandeza.
Con el alma, solo dentro.
SIN IRME
Hoy salgo un rato
a otra ciudad distinta.
Sin irme muy lejos,
quiero descubrir otro mundo.
Y salgo de lo que solo
me da la fantasía de algo
para volver a todo,
mientras vuelvo
a lo que soy yo mismo,
sin irme.
SOMBRAS AFUERA, LUCES DENTRO
La noche casi siempre
arriba temprano
a la ciudad.
Como otra singladura
de rutina y hastío.
A veces, demasiado pronto
sangra el ocaso en el corazón
de cuantos inundan de fantasmas
tristes las calles.
Sin embargo, amanece en mi alma,
mientras me inunda la vida
como un mar de belleza
que desemboca en mi verbo,
cual poema que escribe
el viento mientras sopla
con aires de poesía.
Y solo quedan sombras fuera.
Mientras dentro, se incendia
de luz todo mi ser
mientras, con el alma, amo nacer.
Sombras afuera.
Luces dentro.
SOLO TIEMPO
En este momento,
no hay un instante
normal de esos que parten
a chocar y estrellarse
fatalmente en los relojes.
No paso, a secas,
como la tormenta cuando amaina,
y se acaba ya la lluvia.
Ahora mismo existo,
mientras me late el alma
desde mi corazón en llamas
marinas y honestas.
Ahora no solo paso,
porque el tiempo
en este instante
es solo tiempo.
Una aguja que marca
el paso de algún almanaque
que sucede, sin más.
Mientras yo existo,
fuera del mundo,
en lo más profundo de mi mundo,
el tiempo ahora
solo es tiempo.
SOLO VIDA
Una palabra ahora.
Solo deseo pronunciar
con toda mi alma
una sola palabra: vida.
Sin que pase sola
hacia la muerte sin más.
Una palabra: vida.
Solo vida.
DEJA QUE LLUEVA
Deja que llueva. No te preocupes.
A veces, la tormenta
no tiene por qué ser mala:
solo llega, solo embiste
para limpiar todo lo malo.
Y se necesita un huracán
de catarsis que arramble
una ciudad llena de fantasmas,
hastío, cansancio y sombras
para que amanezca de verdad.
Deja que llueva, aunque duela
esa tempestad que no sabe
de borrascas ni paraguas.
Deja que arrecie esa tormenta
de duda en tu corazón
para que no haya más interferencias
demasiado cotidianas y mundanas
en tu alma fluvial que ansía
encontrar su senda marina.
Y así amanezca al compás
del brillo de tu mirada.
Deja que llueva
para que mañana amanezca
mejor en tu alma.
YA NO BUSCO EL CIELO
Antes quería llegar alto,
subir la montaña más alta,
escalar hasta el último peldaño
de alguna cima corporativa,
y estirar hasta la extenuación
mi aliento para que se convirtiera
en hálito
de éxito y oropel.
Sin duda, me equivocaba.
La grandeza verdadera
no se halla en las grandes cosas,
sino en las pequeñas cosas
que hacen grande la vida.
Ya no busco el cielo,
porque la vida por sí sola
es un río de pasión que desemboca
gigante y genuino en el océano
del alma cuando suena
de verdad el corazón,
sin el ruido infame del mundo.
Ya no busco el cielo,
porque ya estoy en el cielo.
Conmigo, pequeño, humano,
y perfectamente imperfecto,
ya estoy en el cielo.
BARQUITOS DE PAPEL
Ahora mis versos son frágiles,
livianos, ingrávidos
como barquitos de papel,
cuyos velámenes de melancolía
se hallan a merced
de la corriente marina
e inmensa de tu abrazo,
ahora ausentemente poético.
Y mi verbo parece zozobrar
en un mar cuyas olas
son solo embestidas de nostalgia,
que imagino mientras naufrago
dulcemente en los pecios
de anhelarte, de suspirarte, de recordarte.
Pasan los días, que se persiguen
iguales en tardes que desangran
en un tiempo que siempre
duele cuando no pertenece
a algún segundo tuyo.
Y aun así, no me importa
demasiado lo que pueda ocurrir.
Quiero volver a habitarte
como entonces,
cuando tu cuerpo desnudo
desembarca grácil y marino
en las costas de mis manos
abiertas a tu geografía,
cual río de deseo que se agranda
en tu océano de ternura.
Aun en frágiles barquitos de papel.
Aun en mis poemas a la deriva
de tu nostalgia,
quiero volver a amarte.
EN LETRA GRANDE
En letra grande, mi nombre,
mi huella, mi camino.
Marino, celestial, aéreo, etéreo.
En letra grande, en mi alma,
mi nombre, mi ser desnudo:
poesía humana,
en letra grande.
ESCRIBO
Escucho mi silencio.
Y el mar acarrea sus ecos
a la música de mis relojes
sin cadenas en el tiempo
mundano de la ciudad.
Escribo, porque mi corazón
canta con los acordes de la belleza.
Y mi alma grita poesía.
Por eso, escribo.
ATESORAR LA VIDA ES MEJOR
Muchas veces siento que acarreo momentos,
cual losas de horas,
mientras la vida pesa,
como la gravedad sobre el mundo
y las hojas cuya primavera
se desploma de los árboles
al llegar septiembre.
Mientras se desangra dulcemente
el verano en jirones de nubes
que presagian la nueva estación.
Y ya no quiero eso.
No quiero que siga pesando
cada segundo y que se sienta
cada minuto como el castigo
invisible con el que azotan
los relojes a un tiempo
que no sé muchas veces si pasa.
Por eso, hoy cambio de verbo.
Y hablo de atesorar
cada instante,
como la belleza
cuando se reconoce transparente
en la poesía desnuda
y marina del alma.
Sin duda, hoy ya no quiero,
seguir acarreando la vida.
Atesorarla es lo mejor.
MI HUELLA
Mi huella. Mi humana huella
ahora es algo más
que una pisada del camino.
Es universal, oceánica, mágica.
Inmensa en mi álmica
y vasta pequeñez.
Mi huella ahora es camino,
y salto, y vuelo hacia la plenitud
de encontrarme en mi senda.
Con mis pies atados al alma.
Mi huella. Mi humana
universal y oceánica huella.
OTRA PUERTA
Ahora quiero algo distinto.
Deseo que hoy suceda
algo más que otro día.
Quiero abrir otra puerta
que da a una casa
que, según dicen,
viene a dar una morada
de la cual no saben los catastros.
Una casa inmensa como el mar
que se mira en los espejos
translúcidos del alma,
cuando no pesa la gravedad
de la rutina en el corazón.
Una casa ligera, liviana, ingrávida,
como el vuelo del aire
cuando se acompaña del viento
que solo acarrea hojas secas
de otoño, sin más polvo ni manchas.
Ahora, sin duda,
quiero algo distinto.
Quiero, tal vez, que las cosas
hagan algo más que sucederse.
Y que el ruido
deje al fin de confundirse
con la música de vivir.
Quiero sucederme.
Y, por eso, quiero abrir
otra puerta de cuya llave
solo sé yo cuando se expanden
las alas de la verdad a mi vuelo
propio, sin otros viajes,
de esos que solo pasan.
Quiero abrir otra puerta.
La puerta inmensa
y oceánica de mi alma.
CANTA MI ALMA
Suena la música. El silencio
concuerda con los acordes
que vibran en este instante.
Y sin ruidos, puedo decir
que la ciudad parece cantar
algo más que ruidos extraños
de funerales demasiado tempranos.
Suena la música. Por un momento,
en mi momento, llega la vida
como un presente liviano
sin la gravedad de lo cotidiano.
Y soy feliz, porque en el silencio,
junto con el mar cuyos ecos
resuenan al compás del corazón,
escucho una canción cuyo concierto
de amapolas en un invierno
de tristezas y rostros cabizbajos
nadie salvo yo escucha.
Soy feliz. Más feliz que canta
porque en mi silencio ahora
suena la música de la vida,
mientras canta mi alma.
ESCUCHO DE VERDAD
Ahora escucho. De verdad escucho.
Mi silencio grita más alto
que todos los ruidos del mundo,
y brama mi alma como un río
de dulce tempestad que ansía
desatarse en mi océano de quietud.
Y escucho. Escucho de verdad
un verbo que no habla,
pero conmueve todo alrededor:
los latidos de mi ser,
con toda mi alma en ristre.
Mi silencio ahora grita,
sin las interferencias de la ciudad.
Y escucho, escucho de verdad
a mi vida, con acordes
que desbordan lo cotidiano.
Con toda mi alma
en ristre, escucho de verdad.
MEJOR NO ENTIENDO
Ahora no entiendo nada,
solo porque tal vez
no toca entender nada.
Así como el río desea agrandarse
al abrazar la inmensidad del mar,
debo abandonar un rato el mundo,
y colmar mi mente de vacío
para inundarme del mar tronante
del sosiego que brama
en la quietud de mi alma.
Mejor quizás que no entienda.
Porque puede que solo toque
escuchar en silencio el corazón.
LLENARME DE VACÍO
Ahora me siento
demasiado inflado de rutina,
y de un mundo que se dirige
tan rápido al abismo.
A un océano imparable
de desdicha y desconcierto,
en que no se escucha nunca
el dulce concierto del corazón,
cuando se desnuda
al inmenso amor de vivir.
Por eso, descanso del tiempo,
salgo de la gravidez inhumana
de una ciudad de pájaros cuyas alas
se cortaron antes del momento,
y me colmo de mi vacío.
Para que el mar
inmensamente pequeño
de mi ser me aguarde
más allá de las miradas cabizbajas,
inundadas de cemento y tristeza,
que pueblan ahora las calles.
Me lleno de vacío
para colmarme de mi corazón,
mientras se me llena el alma
de lo que soy,
vacío del resto.
ME VOY, CONMIGO
Me voy, conmigo,
porque todo el mundo
ahora sobra y transciende
lo que necesito escuchar:
los latidos de mi alma.
Me voy, conmigo.
A encontrarme de cerca
con el mar que tenía dentro.
Más allá del océano de lágrimas
invisibles que inunda la vida,
ahora me voy, conmigo.
A encontrarlo todo.
A encontrarme,
me voy, conmigo.
SUCEDE QUE PASO
Sucede que ahora paso.
En mi momento presente.
En mi tiempo, conmigo.
Sin que otro tiempo
marque el compás de mi viaje.
En mi tiempo, conmigo,
sucede que paso, presente,
al compás de mi alma.