MÚSICA PARA EL ALMA

martes, 3 de septiembre de 2024

ESCRIBO AHORA




 ESCRIBO AHORA


Escribo ahora.

Quiero decir

que vuelo a ras

de las palabras.


Y siempre primaveras

de versos en la metáfora,

mientras amanece el verbo

de la vida otra página.


Escribo ahora.

Quiero decir

que sigo vivo.


Quiero decir

que, mientras escribo,

me late el corazón del alma.


¿QUÉ ES ESO DE VIVIR?




 ¿QUÉ ES ESO DE VIVIR?


¿Qué es eso de vivir?

Se preguntan algunos.


Yo no lo sé de cierto.

Tal vez, sea algo más

que existir. Reconciliarse

con la inocencia al viento

de algún sueño,

y después de los años,

seguir viviendo,

más allá de existir.


¿Qué es eso de vivir?

jueves, 29 de agosto de 2024

SOLO ALGUIEN NORMAL


 


SOLO ALGUIEN NORMAL


Soy alguien normal.

Solo alguien normal,

que de cuando en cuando

hace algo extraño.


Algo fuera del tiesto,

a un paso de la magia

o de la locura: poesía.


Solo soy alguien normal,

que de cuando en cuando,

respira con el corazón del alma.


Solo alguien normal..

miércoles, 28 de agosto de 2024

SALIR DEL MUNDO CONTIGO




SALIR DEL MUNDO CONTIGO


Lo que hoy quiero

no es lo de siempre.

No es la anodina costumbre

de solamente existir.


Hoy quiero disparar

balas de belleza en las palabras,

y que se inunden de metáfora,

belleza y magia 

en lo aburridamente cotidiano.


Y emigrar al corazón inefable

de un verso nuestro desde el alma.


Quiero habitar otra piel

que no sea la mía.


Entrelazarme en tus brazos:

lo que hoy quiero

es salir del mundo contigo.

martes, 27 de agosto de 2024

LAS PERSONAS Y EL TEATRO DE LA DEMOCRACIA


 



LAS PERSONAS Y EL TEATRO DE LA DEMOCRACIA

 

            Todos habremos escuchado alguna vez en nuestra vida aquello de “todos somos personas”. Ahora bien, no creo que la mayoría se haya parado a pensar en lo que realmente está afirmando y en por qué no dice mejor “todos somos seres humanos”. Pues bien, al igual que ocurre con el “género”, el término “persona” podría considerarse otro constructo social que se remonta a la época en la que Roma era la superpotencia mundial cuya hegemonía se ejercía por doquier.

El origen de la palabra “persona” se refiere a la máscara que se ponían, en aquella civilización, los actores del teatro a la hora de interpretar a sus personajes. Vendría a decirnos “lo que persuena o resuena” tras la máscara. Y todo esto se aplica aun en nuestros días, aunque casi no seamos conscientes de ello. A título de ejemplo, podemos citar la concisa definición del diccionario panhispánico del español jurídico (DPEJ), la cual tiene el siguiente tenor: “1Gral. Sujeto de derecho, susceptible de ser titular de derechos y de contraer obligaciones.”.

Sin duda, hay que analizarla bien. Primero, emplea la palabra “sujeto”, que no en vano remite al verbo “someter” y la pregunta es: ¿quién se somete a algo sino un esclavo? Y si vamos más allá, también nos habla de “susceptible de ser titular de derechos y contraer obligaciones”. Es decir, solo se es “titular” (que porta el papel pero no la propiedad) de derechos y un obligado a cumplir las normas. Y llegados a este punto, como personas, ¿somos verdaderamente libres o, al contrario, somos esclavos de un estado opresor que ya no disimula en enseñarnos sus verdaderos y macabros propósitos?

Yo, sinceramente, cada día estoy más convencido de que no es en absoluto así, porque no tenemos ni voz ni voto en lo que acaece a nuestro alrededor. Solo debemos observar lo que ocurre en la arena política cuando se supone que, de acuerdo con el propio artículo 1 de la Carta Magna, “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. En mi opinión, ocurre todo lo contrario, porque el Estado oprime a su pueblo mediante diversos métodos como los embargos, las coacciones en forma de multas, entre otras muchas. Ya no hacen falta los tanques en la calle. Y, a título de ejemplo, se supone que vivimos en un estado democrático en el que podemos elegir a nuestros representantes libremente mediante el voto. Ahora bien, ¿podemos ejercer escrutinio sobre ellos durante todo lo que dura la legislatura? Desde luego que no. Y más aún, cuando no son más que meros actores o personas políticas que representan un papel en este teatro al que llaman democracia. Títeres, meras marionetas cuyos hilos controlan otros desde el verdadero gobierno en la sombra. En una ocasión, le toca a uno hacer de payaso (véase Gabriel Rufián) y a otros de poli bueno y poli malo (las lizas entre PP y VOX en el Parlamento con gran actuación de ambas bancadas). Y así marean la perdiz con el único objetivo de mantener distraída a una población que no es consciente en absoluto de la ilusión teatral en la que está viviendo y sigue “partiendo” de ideología en ideología.

Y es que, por desgracia, desde que nacemos se nos asigna un rol en esta obra. Basta con citar la definición que nos da el DPEJ de “nacimiento”, cuya raíz comparte con la propia “nación” o “conjunto de nacidos” desde un punto de vista legal: “Hecho jurídico determinante de la adquisición de la personalidad jurídica, que tiene lugar una vez producido el entero desprendimiento del seno materno.Nos lo dice bien clarito. A efectos jurídicos y del Estado, solo somos máscaras como aquellas sin rostro que pudimos apreciar en la ceremonia de clausura de los JJ. OO. No somos más que los espectadores pasivos de una gran obra teatral a la que denominan democracia. Y lo triste es que la mayoría de seres humanos siguen siendo personas ciegas, máscaras. Espero que algún día entendamos que, como seres humanos y no como personas, no debemos seguir delegando en otros el rumbo de nuestras vidas, y menos a unos que defienden la democracia de las personas esclavas.


lunes, 26 de agosto de 2024

NOTAS AL VIENTO




 NOTAS AL VIENTO


Notas al viento.

Notas que rezuman

del papel como pequeñas aves

que vuelan sobre la pluma.


Acordes cotidianos

que ya no lo son tanto.


El aire sin duda esta mañana

es algo distinto

al que respiro de costumbre:

lleva poesía.


Lleva notas maravillosas 

al viento.

sábado, 24 de agosto de 2024

¿SEXO O GÉNERO?




 ¿Sexo o género?

 

            Resulta cada vez más frecuente escuchar a la gente —incluso a quienes se consideran parte de la disidencia— emplear el término “género” como sinónimo del sexo biológico. Si nos atenemos a la tercera acepción que nos brinda el diccionario de la RAE, podemos apreciar que se trata de un craso error. Veamos la definición en su tenor exacto: “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”.

            Por consiguiente, queda de manifiesto, si la analizamos con detenimiento, que se trata de un constructo sociocultural que hunde sus raíces en los postulados de John Money, uno de los máximos referentes de lo que se ha dado en denominar “ideología de género”. Dicha ideología, perversa, macabra y retorcida si se observan con los ojos bien abiertos las aberraciones y atrocidades que se vienen produciendo en esta materia en los últimos tiempos, forma parte de la denominada Agenda 2030, en virtud de la cual se pretende construir un nuevo mundo de esclavos sin rostro y sin identidad en que prevalezca un pensamiento único y un ser humano robotizado y homogéneo. Una Agenda 2030 que, tras sus maravillosos colorines y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible en cuya lectura cualquiera de nosotros podría quedar encandilado, avanza a pasos agigantados hacia la destrucción de todo lo que conocemos y la civilización tal y como la hemos vivido, y que parece no tener freno. Más aún, cuando la mayoría de los supuestos disidentes siguen empleando este mismo término para hablar de conceptos como los “roles de género”, entre otras necedades, sin contar aquella ocasión en la que un chaval de instituto supuestamente rebatía a su profesora de Biología al decirle que solo existían “dos géneros”, una afirmación totalmente errada, porque la ONU, atendiendo al retoño que ellos mismos han concebido, asevera que existen más de un centenar. Con toda la razón, porque el género no tiene nada que ver con el sexo biológico. Es su constructo y pueden moldearlo como quieran, le pese a quien le pese.  

       Así pues, llegados a este punto, cabe plantearse la siguiente cuestión: ¿acaso nos podemos considerar disidentes en esta materia cuando empleamos los mismos términos con los que los mandamases entre bambalinas del mundo nos manipulan? Soy de la opinión de que debemos realizar un análisis concienzudo e introspectivo a la hora de sopesar qué lenguaje estamos utilizando y por qué. Si se supone que vamos a contracorriente del sistema, ¿cómo es posible que empleemos los mismos términos que tratan de imponernos? ¿no estaremos también dormidos en una matrix diferente, pero igualmente dormidos? No se puede decir que se va en la dirección contraria del sistema opresor y, al mismo tiempo, guiarse por sus directrices cuando nos conviene conformar un discurso con una retórica determinada. Aunque la mayoría lo use, porque eso sería seguir incurriendo en el pensamiento gregario y no querer salirse de la pecera. Hay que plantarse de una vez y hablar con claridad. ¿Sexo o género? Desde luego, si nos ceñimos a la biología, hablemos de sexo. El género dejémoslo para otros.