MÚSICA PARA EL ALMA

jueves, 31 de marzo de 2011

TIENES FIN




TIENES FIN

Tienes fin. Lo tienes.
Eres como todas las cosas,
y la humedad de los charcos
que el sol evapora
sin la lluvia.


Tienes fin.
Tienes límites, y fronteras
en esos labios que mis besos
llegaron a rozar aquella noche.

Sin embargo, me basta
con recordarte
para que seas infinita.
Y en mis palabras
te hagas costumbre
de poesía y llanto,
y alegría.

Tienes fin.

Pero no te olvido.

QUE TE VAYAS




QUE TE VAYAS

Moriré. Y seguirás después
amándome. Porque te quise,
te quiero, y te querré,
aun cuando las mortajas
entierren mi voz bajo la tierra.

Costará toda una vida,
y quince mil recuerdos
dejarte atrás,
y que te vayas.

Y no pensar en nosotros.

Moriré.
Y seguiremos amándonos.


AMOR EN CADA PUERTO




AMOR EN CADA PUERTO

Se dice que siempre espera
un amor nuevo en cada puerto.
El mío ya lo renuevo
en tus ojos en cada mirada.

Navegando por la luz
de tus pupilas.

Para que amanezca siempre
una sonrisa en mi rostro.

Tu amor en cada puerto.

miércoles, 30 de marzo de 2011

DAR LAS GRACIAS




DAR LAS GRACIAS

Si no hubiese vivido,
no hubiese escrito
mis lágrimas, y mis alegrías.

No hubiese llorado.
No hubiesen llovido
milagros de agua
sobre mi espalda,
y tampoco hubiese contado
los recuerdos como ahora
los cuento.

Los días tristes aquellos
en los que un rincón del patio
era mi confidente.
Las tardes que morían
dulcemente sobre el horizonte,
y las primaveras que pasaron
siempre a la vera
de mis años,
y mis calendarios arrancados.

Si no hubiese vivido,
no hubiese sentido,
no hubiese mirado,
no hubiese contado,
no hubiese escrito,
no me hubiese estremecido
ante la ternura,
no hubiese temblado.

No hubiese tenido tiempo
para arriesgar,
ni para estar triste,
ni para decir adiós,
ni para mirarme
en otras miradas
ni para contar
otra historia.

Si no hubiese vivido,
tal vez, no hubiese escrito
nunca este poema.

Y sólo puedo ahora
dar las graciar
por haber seguido
mi nacimiento hasta ahora.

Si no hubiese vivido......

NUESTRO NOMBRE




NUESTRO NOMBRE

Nuestro nombre
nadie lo sabe.

No lo encierran
los plásticos,
ni los chips,
ni los registros,
ni las pantallas,
ni los escaparates
que anuncian besos
de Baileys en la mejilla.

Tampoco lo conocen
las figuras de las fotos
de las publicidades,
ni los pasos cansados
que van dejando las calles
sobre su pesado asfalto
de rutina y melancolía.

Porque nuestro nombre
lo saben nuestros ojos,
cuando la pasión los enciende
como luceros,
y huecos de mediodía
a altas horas de la noche.

Y lo sabe
nuestro silencio.
Lo que callamos
en cada abrazo,
y lo que decimos
sin hablar en cada beso.

Nuestro nombre
es sólo nuestro.

Y lo sabemos,
amándonos.

Tan sólo amándonos,
nuestro nombre.

martes, 29 de marzo de 2011

AYER VOLVIERON LOS TEMBLORES

AYER VOLVIERON LOS TEMBLORES

Ayer volvieron los temblores
a la piel, y los dulces
escalofríos de amarse.

La ternura se tornó
algo más que aire enamorado
de mi silencio.

Y compartiste conmigo
la desnudez de lo que callas,
y lo que no dices.

Ayer volvieron los temblores
a recorrer algo más
que las letras.

Me amaste.

SERÁS MÍA




SERÁS MÍA

Serás mía.
En la costumbre
de tocarte, y echar
de menos al despertar
ese tacto de fruta
que tanto néctar dulce
da a mi sudor.

Serás mía.
En la alegría,
en la mirada límpida
de nuestros ojos
embelesados.

En la sangre que corre
ahora más allá de las venas.
En la lluvia que se precipita
sin mojar las flores del balcón
sobre nuestros cuerpos.

En el dulce silencio
de los parques a mediodía,
y el tumulto ensordecedor
de los colegios a las nueve.

Y en cada palabra
que escriba ahora.

Serás mía,
aunque mis manos
no puedan abrasarte
sin quemarte los poros.

Serás mía.

En la poesía,
siempre serás mía.

domingo, 27 de marzo de 2011

PARA QUE TÚ ME AMES




PARA QUE TÚ ME AMES

Para que tú me ames
no debo amarte,
sino ser amor.

Disolverme en la tinta
como sal entre las olas,
y anclarme en tus ojos
como una barca a la deriva
en los mares del tiempo.

Para que tú me ames
no debo amarte,
sino ser silencio,
y lo que callas.


Poema, tal vez....

GOBIERNA




GOBIERNA

Gobierna. Es amo y señor de todo lo que le rodea sin supeditar a ningún súbdito. Manda sin látigos, mira adonde sus ojos quieren y no encierra su mirada tras los escaparates de ningún comercio. No le hace falta dictar leyes para establecer su propio orden dentro de las puzzles indescriptibles de futuros inesperados y presentes alocados que lo rodean. Piensa que, tal vez, sus pasos tendrán más camino que el que anda, cuando alguien lo siga recordando, y pueda morir dos veces tranquilo. No hay colas que hacer , y tampoco un bus al trabajo en cuya espera ir escribiendo una historia impregnada de apatía y rutina. Tampoco le preocupa pertenecer a un trozo de tela al que algunos llaman bandera, y formar parte de las líneas de una historia ajena. Quizás, le baste con recorrer las líneas y siluetas curvas de algún cuerpo, y alguna desnudez humana como él. Disfruta el silencio. Y en paz imagina que todo podría ser maravilloso sin reyes, ni presidentes, ni cobardes con cetro que manden hormigas a pisar a otras hormigas en las guerras.
Otro mundo mejor: lo pienso, mientras me levanto. Ya no estoy cansado. En mi cama, otro día más, he dejado a mis sueños.



AMARTE ES POESÍA




AMARTE ES POESÍA

Amarte es recorrer palabras,
como si tuviera, a veces, asfalto
una nube sobre el horizonte
para caminar sobre los sueños.

Y dejar atrás el ansia baldía
de ser sonido en la historia
en las líneas inolvidables
de tu cuerpo, y la candidez
rubicunda de tus mejillas,
mientras palmo a palmo
te surcan mis labios.

Amarte es escribir
palomas en el viento,
olvidar el polvo de las obras
que me confunde,
y navegar en tu perfume
de dulce sombra
por las mieles de la lujuria.

Amarte es desnudar
los mapas ocultos
de tus senos,
viajar a tu mirada
como un barco velero
que ancla su viaje de estrellas
en las costas de tus pupilas.

Y pensar, a veces,
que las cenizas
pueden ser dulces
cuando me abraso
entre tus manos.
Y quemarse no es tan duro
como el tiempo
que lo consume todo.

Amarte es poesía.

QUIERO ESCRIBIR UN POEMA




QUIERO ESCRIBIR UN POEMA

Quiero escribir un poema
que fluya como la vida,
que pase como las tardes
que se asoman a mis pupilas
como mediodías vencidos,
y que sienta sin el vacío
tumultuoso de la tinta
en las letras de mi espanto.

Que no se estanque, quizás,
como la corriente del agua
que quiere declararase al río
tras los muros de un embalse

Tal vez, pienso
que tu cuerpo
pueda ayudarme
a escribir otro poema
en los labios, en la carne,
en la vida.

PERMÍTANME SOÑAR




PERMÍTANME SOÑAR


Puede que no gobierne ningún Estado,
Puede que nadie
me rinda pleitesía
sobre un trono.

Pero sé que siempre,
tras mis ojos,
soy dueño
de mis propios sueños.

Por ello, ahora les pido
una simple cosa:
permítanme soñar.

viernes, 25 de marzo de 2011

SOMOS SUEÑO




SOMOS SUEÑO

Somos sueño
que un pellizco
de carne despierta.

Ausencia, y ser.
Nostalgia, y alegría.
Tristeza, y cansancio
alegre en las noches,
sustantivos de flores,
adverbios para el después,
y adjetivos para amar.

Somos sueño,
fantasía irrepetible
de comienzo,
y muerte, inevitablemente.

Somos sueño.
Humano sueño.

DESNUDO LA POESÍA




DESNUDO LA POESÍA

Desnudo la poesía, y los recuerdos
como desnudo ahora
a la mujer que los ocupa:
a trozos, a gestos,
y a abrazos que, a veces,
quisiera darle sin cintura.

Te desnudo,
mientras te escribo.
A golpe de lápiz
te apoderas de mí,
y el silencio ya no es
tan vacío.

Porque desnudo la poesía,
y los recuerdos
en tus dos palabras:
te quiero, amor.

AYER LA SOLEDAD



AYER LA SOLEDAD


Ayer la soledad
no estuvo cerca,
ni a un golpe de puerta,
ni a dos giros de llave,
ni a una ausencia de ti.

Porque la ocupaste tú.
Porque la ocupamos nosotros
como se ocupa una habitación
de balcones azules infinitos,
y ventanas transparentes
sin fronteras en los alféizares.

Y se ocupa el silencio
sin palabras.

Porque me esperaste.
Porque nos esperamos.
Y estuviste donde estuvieron
mis besos,
mientras sellabas
tus labios con los míos.
Y cerrábamos el aire
en un suspiro como si el viento
tuviese cremalleras de corriente
a las que atar la carrera
de las nubes por el cielo.

En un gemido, en un estremecimiento
nos dimos el mundo.

Y exploramos las avenidas
celestes de la lujuria
de los dedos entrelazados,
los cuerpos lluviosos de sal
sobre los poros
las sonrisas cómplices,
y los relojes sin arena
en los mediodías.

Porque me miraste,
porque nos miramos.
Nos dimos el sol,
cuando atracó la tarde
sobre el horizonte.

Y las lámparas de las calles
no agotaron tanto sus huellas
de luz sobre el asfalto.

Me quisiste.
Nos quisimos.

Y ayer la soledad
no estuvo tan cerca,
ni a un golpe de puerta,
ni a dos giros de llaves,
ni a una ausencia de ti.

Porque estuviste
donde estuvieron mis besos.


miércoles, 23 de marzo de 2011

SIGUE HACIENDO FRÍO


SIGUE HACIENDO FRÍO

El invierno se acaba.
La nieve no teje su escarcha
postrera sobre las ramas.

Y sigue haciendo frío.
Porque no hay ningún lugar
fuera de tu cuerpo,
y tus ojos que me dé
ahora la primavera.

Aunque florezcan
recuerdos en mi ausencia,
y semillas de verde adiós
sobre los bancos.

Sigue haciendo frío,
fuera de tu cuerpo.

martes, 22 de marzo de 2011

MIS PALABRAS SON CORTAS.




MIS PALABRAS SON CORTAS

Mis palabras son cortas,
banales, insignificantes.

Nunca aciertan a llamar
a las cosas por su nombre,
ni a ponerles los acentos
a todos los versos
que encierra el mundo.

Nunca son suficientes
para hablar de lo que callo.
A veces, el silencio
dice más que mi tristeza
sobre los papeles.

Sin embargo, hay algo
que las llena,
pese a su vacío,
pese a mi vacío.

Todas emergen ahora
de un punto de partida.

Mientras te recuerdo,
mis palabras
no son tan cortas.

NO TE ESCONDAS




NO TE ESCONDAS

No te escondas. Es inútil.
Tu mirada dice todo
lo que tus palabras callan.

Sé que tiemblas tiernamente.
Lo veo en cómo el viento
eriza el leve vello
de tu mejilla sonrosada.

No hace falta que mientas.
Te brillan ahora las pupilas
como astros fosforecentes
cuyas niñas amanecen
mis ojos sombríos.

Y no tengas miedo.
Si naufragas, atraca
tu cuerpo en mis brazos,
porque no quiero
que te desvanezcas
como la torpe luz
de las farolas en las calles
al llegar el día.

No te escondas.
Yo también te amo,
por eso tiemblas tiernamente.

lunes, 21 de marzo de 2011

NADIE TE ENTIENDE




NADIE TE ENTIENDE

Nadie te entiende.
Nadie comprende
tus palabras de viento,
aire, y susurros de amapolas.

Tu regazo de primavera,
y tu ausencia de invierno.

Tus mejillas de fruta,
y tus senos de humo,
y tu vientre de espuma,
y tu sudor de océano.

Tu frente de papel,
y tus palabras de tinta
que recorren el tumulto
mudo de todas mis cosas,
cuando estoy en silencio.
Y hablo sólo de ti.

Nadie te entiende,
porque no eres
más que nadie, quizás.

Sólo yo
puedo darte otro poema.

NADIE ESTÁ CONMIGO

NADIE ESTÁ CONMIGO

Nadie está conmigo.
Sólo un recuerdo,
y tu ausencia de labios.

En fin,
nadie está conmigo.

domingo, 20 de marzo de 2011

LADRIDOS EN LA ESCUELA




LADRIDOS EN LA ESCUELA

Ladridos en la escuela.
Es una lástima que aún
se escuchen ladridos
entre las paredes de las escuelas,
y no tengan hambre
los perros para tragarse
las garras de sus amos,
y las pizarras bombardeadas.

Tal vez, les falta calcio
para los colmillos
bajo el cartón de sus casas,
y la lluvia de lágrimas
de sus ojos de tierra.

A los perros de la escuela
que no saben morder
el mundo esta tarde.

Tal vez, sea complicado
ser animal sin querer.

INVENTANDO ESTACIONES




INVENTANDO ESTACIONES

Inventando estaciones
sin trenes ni adioses.

Inventando la primavera,
el castaño que florece
aunque sangren de otoño
las praderas.

Y ninguna cruz de rosas
para las flores que se marchitan.
Sé que volverán a florecer
en tu regazo,
si me abres como un libro
de siluetas tu piel.

Para seguir inventando
primaveras,
y estaciones
sin trenes ni adioses.

Donde las hojas
no se duelan
de la escarcha invernal,
extiende allí
tus besos.

Para seguir inventando
primaveras,
y estaciones
sin trenes ni adioses.

EN- REDADOS




EN-REDADOS

(EL AUGE DE LAS REDES SOCIALES EN INTERNET)


Primero llegó ARPAnet, un proyecto militar que pretendía poner en contacto una importante cantidad de ordenadores de las instalaciones del ejercito de EE.UU hace unos 30 años. Luego, un ingeniero llamado Tim Berners- Lee crearía la World Wide Web en 1989. Por ese entonces, nadie imaginaba que, en la actualidad, habría ya miles de millones de ordenadores conectados a la red, y mucho menos que la proliferación exponencial de estos causaría problemas con el protocolo IP(hay más ordenadores que números disponibles).

Hubieron de pasar algunos años desde la invención de la Web para que surgiera otro fenómeno al que se denominó el de las redes sociales, es decir, estructuras sociales conectadas a Internet que comparten parentesco, amistad o intereses comunes. La primera en aparecer fue SixDegrees.com en 1997. Y posteriormente, la evolución tecnológica permitió que se fuesen creando más y más redes sociales, tanto que ya hay más de 500 millones de usuarios registrados sólo en la red social más popular del mundo, Facebook. Por esta razón, es lógico preguntarse cómo ha repercutido su irrupción en los hábitos cotidianos de la población. ¿Acaso la gente ya prefiere relacionarse por medio de las redes sociales? ¿Gustan los amigos virtuales?

Según algunos estudios, las redes sociales han cambiado nuestros hábitos de vida, especialmente entre la población más joven. Como ejemplo,Herminia D., de 22 años, declara que conoció la red por unas amigas que la invitaron al Tuenti y que se ha vuelto en casi una adicción para ella desde el momento en el que descubrió la infinidad de posibilidades que ofrecían: “Me he propuesto quitarme de Tuenti y cualquier red social. Es un vicio”. Ignacio G.S, de 22 años, afirma que “unos amigos me las mostraron mediante una invitación”. Ambos coinciden cuando afirman que “han cambiado los hábitos de los jóvenes y que llegan a generar incluso dependencia”, aunque no todos aseguran que su vida se ha tornado una dependencia. Saúl A.G, de 26 años, reconoce que se metió al Facebook hace un año y que prácticamente no lo usa: “Sólo lo uso cuando quiero subir alguna foto y leer algún comentario”.

No obstante, no son sólo los jóvenes los que tienen cierta tendencia a relacionarse por este medio cibernético. Consuelo A. P, de 50 años, confiesa que, desde que se lo mostraron, utiliza el Facebook casi a diario. Tiene abierto un perfil bastante atractivo que cuenta con más de 100 amigos: “Lo uso casi a diario y me entretiene bastante, cuando estoy aburrida”. Además, confiesa que muchas de las personas que la “agregan” entran dentro de su franja de edad: “ Se lo mostré a algunas de mis amigas, y también han entrado en este mundillo”. Aunque no todos los de su generación conocen las virtudes de estos medios de relación virtuales. Por ejemplo, Manual A. S, de 58 años, y padre de familia confiesa que no tiene ni idea y que nunca ha oído hablar de una red social”.

De todos modos, y pese a que aún no se difundan demasiado entre los más adultos, hay algo cierto: las redes sociales crecen a ritmo exponencial, tanto que algunos expertos ya vaticinan que reemplazarán al correo electrónico como medio envío instantáneo de mensajes por Internet. Quizás, si sigue este aumento en el número de usuarios de las redes sociales, puede que acabemos todos “en-redados”, y como dice Ignacio G.S: “Cuando lleguemos a abuelos, quizás, estemos todos metidos”.

NO TENGO DEMASIADO


NO TENGO DEMASIADO

Es cierto. No tengo demasiado.
No me brilla demasiado
el fondo del bolsillo.
Algún remiendo antiguo
sobre la mesa lo recuerda.

Y solo puedo presumir ahora
de ser millonario de ácaros
de polvo en los armarios
donde guardo mi desnudez,
y la ropa que la cubre
cada mañana.

No tengo demasiado.
Sólo todo el mar
para seguir soñando.

CANARIAS EN LA HUERTA

Canarias en la Huerta


Albores del mes de marzo. El sol calienta tanto que raja las piedras. Se acerca el momento de ver a mi entrevistada, Denia Artiles, una chica canaria como yo. Y siento que, tal vez, en los tiempos en los que aún no estaba prohibido soñar con aviones de papel, aún resuena en su mente el dulce bramido de las olas fusionándose, en su baile de espuma atlántica, con la arena de la Playa del Canteras mientras pasea por sus recuerdos. Vuelven a amanecer en sus ojos aquellos días en los que “animaba al Perico”, el bote de Vela Latina, cuyo nombre se debía a un periquito de decoración que lleva en la proa. Su padre competía con él en las tradicionales regatas isleñas entre las que discurría su más tierna infancia. Se paseaba por el Muelle Deportivo, “charlaba con los viejetes”, y sentía, al subir al bote, cómo “se meneaba tanto que da miedo, y me explicaban cómo se tenía que mover el timón y los sacos de arena para nivelar el bote”.

Me ve a lo lejos. Extiende sus brazos para darme a entender que es ella. Lleva un vestido al más puro estilo hippy. Su tez morena y adusta denotan que el sol de su tierra, las Islas Canarias, la ha bronceado como los granos de millo que se tuestan y muelen luego en el molino para producir el gofio: “Acabo de llegar de un viaje a Canarias de dos semanas”. Cruzo el paso de peatones blanquirrojo que separa la acera entre el Comedor Universitario y la facultad de Educación para ir hasta su encuentro. Su sonrisa y el fulgor alegre y titilante de sus ojos azabaches me reciben. Terminamos de atravesar la calzada, y Denia Artiles, estudiante canaria de Pedagogía en la UM, me propone que vayamos a tomar un café entre cuyas burbujas, grumos y dulces humos comenzamos a entablar una amena conversación con la que la voy conociendo un poco más. Hay demasiado ruido. El entorno no me parece apropiado para desarrollar el trabajo. Nos vamos a un lugar en el que no hay tanta algarabía, a la sombra del techo de la Facultad de Trabajo Social, para comenzar la entrevista.

Lleva ya siete años residiendo con su familia en Murcia. Parece un poco menos perdida y desorientada, cuando transita por el Campus, que el día en el que llegó: “Al iniciar la universidad, empecé a explorar el campus y había varios sitios que me gustaron, pero entre Trabajo Social, donde estuvimos hoy, y el Aulario de Filosofía (justo enfrente de las escaleras de Trabajo Social), pues me sentaba ahí con mi 'cafelito' a aprovechar los rayitos de sol que salían, y estaba bajo unos pinos en un banco 'tranquilita', y me resultaba familiar, me sentía super a gusto (risas). Al poco me enteré que son pinos canarios”. Charlamos de todo un poco, y entre frase y frase, parece como si la nostalgia comenzara a poblar también parte de mis recuerdos, mientras relata su primera experiencia a 2000 kilómetros de mar de Gran Canaria: “ Vine cuando tenía once o doce años a visitar a un tío en Málaga. Se casó allí y tuvo su niño. Se reían mucho de mi acento, aunque ellos también tienen un acento muy gracioso. Recuerdo que me chocó el clima en verano. El calor es mucho más exagerado que en Gran Canaria”.

La escucho hablar y, aunque en cierta medida ha perdido algunas palabras canarias características como “asadero”, en detrimento de otras más españolas o murcianas como “barbacoa”, el timbre meloso y dulce de su voz me acerca un poco a los alisios, la laurisilva y los “mi niños”. Echo tanto de menos como ella ese acento tan peculiar, que caracteriza a los habitantes de una de las regiones ultraperiféricas de España: “Lo que más me falta es el acento, aparte de la calidez en el trato con la gente, dice, los murcianos no tocan tanto. Aún así, creo que son más cariñosos y cálidos que en el Norte”. Durante algunos momentos, el océano parece envolverme en su abrazo salado de agua, cuando cuenta cuán angustiada se sentía al no vislumbrar el “charco” desde cualquier parte de la Región: “Me deprimió no ver el mar al principio. Veía solo tierra por todos lados y me costó bastante no verlo, pese a que había monumentos maravillosos como la Catedral. El primer año lo llevé peor, me escapaba a la Manga, y luego iba a la parte del mar Mayor a despejarme”. El hielo de los primeros momentos se va resquebrajando como arena entre los dedos conforme avanza el diálogo, y entre risas y algunas citas jocosas, desvela cómo ha ido superando ese trauma de no ver la mancha azul del “charco” desde cualquier lugar de la isla en la que tantos años ha residido: “Echo de menos la playa para desconectar, aunque ya no tanto como antes”. Ahora busco también otras formas de esparcirme. No obstante, sigo echándolo de menos”.

El café va dejando su huella marrón en las esquinas de las tazas. Y, mientras tanto, sigue mostrándome esa afabilidad y cordialidad con la que me ha recibido al principio. Ella misma afirma que “es una persona extrovertida, alegre y, según algunos divertida, como supongo que somos la mayoría de los canarios”. Entre sorbo y sorbo, hay algún instante de pausa en el que parece reflexionar sobre todo aquello que le voy preguntando: “No me la he preparado bien”- llega a decirme. Yo mismo siento en mi interior que la entrevista se va tornando en un diálogo cada vez más informal entre dos personas que añoran la tierra en la que crecieron, jugaron y se hicieron mayores. Algunos rayos de sol parecen asomarse en uno de los lados de la terraza cubierta en la que estamos sentados, y se atisba una pequeña estrella en sus ojos, mientras cuenta cómo le ha ido la última vez que tuvo la oportunidad de pisar la tierra de sus raíces. Ansiaba paladear el sabor y el calor de las islas: “La semana pasada estuve allí, aunque ya en la última vez que fui llevaba dos años sin volver. Estaba desesperada. Siempre que puedo me doy un salto”. Nuestras emociones se van acercando cada vez más. Y no debería hacerlo, pero, algunas veces, se me escapan las ganas de reírme. No puedo evitar querer disfrutar de ese momento con ella y me olvido, a veces, de que no debo alejarme demasiado de mi rol de periodista que realiza una entrevista de perfil. Algunas veces, nos desternillamos. Y más, cuando me recuerda en una de sus respuestas algunas anécdotas parecido a lo que viví cuando una amiga me invitó a recorrer algunos rincones de la Región en septiembre del año pasado: “Me llevaron a las barracas, donde ponen longanizas todas llenas de grasa . Me invitaron a comer paparajote, y recuerdo cuán observada me sentía cuando vi que todos me miraban atentamente. Estaban esperando a que me comiera la hoja. Pero, al final, no lo hice”.



Lo del 'zagalico' me causó extrañeza. Al principio, creía que era un animal o algo así”


El camarero se dirige a nuestra mesa. Hace ya algún tiempo que se ha disipado en el aire el vapor humeante del café. Recoge nuestras trazas, y seguimos charlando de forma amena. Algunas de sus expresiones siguen siendo tan canarias como el gofio. Aún así me confiesa que “algunas se le han pegado” y que, otras que más extrañeza le causaron fueron el “acho” y el “zagalico”: “Al principio, creía que era un animal o algo así, hasta que una compañera me dijo que era o chico o chica”. El tiempo discurre lentamente como nuestras palabras pausadas y sosegadas, al mismo tiempo que sigue respondiendo en ese tono jovial y distendido suyo a mis preguntas. Se vuelve a reír cuando dice que “algunas veces me han llegado a confundir con cubana, colombiana e, incluso, con una ecuatoriana cuando vengo algo más morena que de costumbre ¡Qué me verán a mí de ecuatoriana!”- exclama. Hay cierto atisbo de nostalgia intercalado entre sus frases cuando ya me adentro en el aspecto culinario. No le desagrada la gastronomía de Murcia en absoluto: “Sigo sin acostumbrarme a comer tanta carne como aquí, aunque se nos ha pegado lo de las longanizas. De vez en cuando, hacemos comida canaria, aunque es difícil conseguir ingredientes como el cilantro, papitas chiquitas que se puedan arrugar. Intentamos pero se pega, la comida es muy buena”.

Nos apetece viajar un rato sin movernos a algún lugar desconocido de la Península: “Me gustaría viajar a otros sitios, descubrir más lugares exóticos. Siento que conozco super poco la península. Quería hacer de todo, aunque ahora estoy más tranqui- asegura. Por ejemplo, en Canarias, el viaje de estudios era al Pirineo. La gente de la península hace viajes 'guapos' a otros sitios”.

Le pido que me transporte hacia su infancia. Ella parece dispuesta a llevarme de la mano hacia sus recuerdos también. Cuenta cómo discurrían sus años de niña en el barrio de la Isleta, donde nació y donde dio también el estirón. Aún siguen latentes en su mente algunos momentos imborrables en los que, tal vez, podía sentir el olor a marisma impregnando las baldosas de la avenida de Las Canteras: “Salía a comprar el pan en pijama, aquí no puedo que me miran chungo. Me ponía a hablar con la vecina de cualquier chorrada. Echo de menos esas tonterías, esa calidez de hablar con todo el mundo”. Y, entre todas esas, los recuerdos le van brotando como las gotas de un manantial que parece no saciar su sed de barrancos: El tema dominguero lo recuerdo mucho. Los domingos la gente se coge el “coyito”(pronunciación del cochito en Canarias) y se va para la playa o para el campo. Se iban los típicos con la sombrilla, las viejas con las cartas. Lo extraño mucho todo eso”.

Tuvo que mudarse a Murcia por motivos familiares: “ Mi padre pilló trabajo. Llevaba tiempo buscando trabajo en la península. La 'risa' de todo es que ahora trabaja en Madrid, aunque mantenemos el contacto. Hay que ir adónde está el trabajo, es lo que hay”. Admite que tomó una mala decisión al escoger Pedagogía como la carrera que iba a estudiar en la Universidad de Murcia, cuando llegó a Murcia: “acababa de terminar la Selectividad en Canarias,y empecé Pedadogía. No me gustó nada, lo siento por los pedadogos,terminé Educación Social luego y ahora estoy en Pedagogía para tener las dos carreras. Veremos a ver en qué trabajo”. Como es lógico, los años no pasan en vano.Y, aunque al principio, tuviese algunos problemas de comunicación en la ciudad: Recuerdo ir a pedir lo del Bono Guagua. Toda la vida, en Las Palmas, se ha vendido en los estancos de los parques un bono guagua.”- dice- : “Mire, me da un bono guagua. Y me respondió, perdone no la entiendo. Le tuve que decir que era el bus”. Algo se le ha quedado de la forma de hablar de la región, hasta el punto de que, en ocasiones, hay confusiones en la casa de su abuela por expresiones que se le han pegado: terminar la frase y decir “entiendes” o el nene. Sin querer le decía a mi abuela: ¿Entiendes?. Claro que sí, mi niña”. Lo intenta seguir conservando, pese a todo y afirma que este “llama mucho la atención. La gente te para por la calle y pregunta mucho de dónde eres. Eso es algo que no me ocurre, ni mucho menos, en Las Palmas”.



He madurado bastante, porque llegué con 20 años to 'loca' y 'tá' queriéndome comer el mundo. Murcia me ha ayudado mucho a madurar”.



Marzo asoma en los calendarios, y el Carnaval ya se vive en su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria: “En las Palmas no le daba tanta importancia. A lo mejor sólo me disfrazaba el día de las murgas y no siempre. Pero si fuera para allá ahora, me disfrazaría todos los días”. Comenta también que echa de menso el ambiente divertido: “La gente que se acopla a la cabalgata. Ese día la gente es amiga de toda la gente. Hay carnavales como en Águilas, pero es diferente el rollo al de Canarias”. Aún así, y ya lejos de los desfiles, las murgas, cabalgatas, y jolgorios de los mogollones, confiesa que hay sitios que le han encantado de Murcia: Si te quedas en la ciudad, no ves la Región. Hay cosas que vale la pena ver. Por ejemplo, la playa de Calblanque, que es preciosa. Tienen que aprovechar esos paisajes”.

Su melodía preferida sigue siendo la de la corriente del Atlántico cuando acaricia las rocas de la orilla. Sin embargo, parece que sus gustos musicales también se han visto algo influenciados por la Región, y “el ambiente nocturno de las tascas”, en general: “Yo era más 'tranqui' musicalmente, aunque ahora en Murcia me ha empezado a gustar el Heavy, aunque no trabajo el reggaeton, que no lo trago, es super machista y vejatorio. Me gusta el Chill Out, etc.. Es algo que se me ha pegado de ir a tantos conciertos, algo que no se puede hacer en Canarias”. También su carácter ha sufrido bastantes cambios desde que aquel avión aterrizó en la Huerta: “He madurado bastante, porque llegué con 20 años to 'loca' y 'tá' queriéndome comer el mundo. Murcia me ha ayudado mucho a madurar”.

Ahora ya, con unos años más, asegura que es partidaria de “vivir y dejar vivir, y no pisar al que está al lado o estar al acecho por si suspende”. Y se lamenta de haber visto cosas de esa índole en la facultad en la que estudia en la actualidad: “He visto competitividad insana a la hora de ver las notas de los exámenes”. La entrevista ya va tocando a su fin. Las palabras van quedando atrás en la suave brisa que mueve las hojas de las palmeras. Y la acompaño hasta otro lugar del Campus, cerca de la facultad de Veterinaria, donde se separan rumbos. Se despide proponiéndome que vaya a una barbacoa con ella y unos amigos, cuando mejore el tiempo: “A ver si comemos algo de gofio y mojo de paso”- dice. Yo la veo alejándose en el corto horizonte de hormigón del inmenso edificio que nos rodea. Y mientras tanto, me pregunto si aún seguirá recordando cómo embestían las olas a su Perico. Y si seguirá volando en sus recuerdos.


Efrén Alemán García




EN 0.000003 LA LUZ




EN o.000003 LA LUZ

En 0.000003 segundos
la luz recorre tus labios.
Sólo en ese instante
te beso.

Tan poco dura
soñarte...

sábado, 19 de marzo de 2011

TE AMO MEJOR


TE AMO MEJOR

Te amo mejor,
cuando no te amo.

Porque no quieres irte,
tus brazos se anclan
a mis manos abrazadas,
entonces, como barcos
que han encontrado
al fin su costa.

Y el aire no se adueña
de todo lo que callas,
lo que no dices,
y lo que dices,
mientras callas
tu boca de fruta
entre las paredes.

Te amo mejor,
cuando no te amo.

SIEMPRE HUBIESE SIDO TARDE


SIEMPRE HUBIESE SIDO TARDE

Siempre hubiese sido tarde
para llegar a tus labios,
porque siempre has estado
demasiado lejos.

Y sólo tragando cuadernos
de aire he logrado tocarte.

Te invité, algunas veces,
a bebernos el mar.
Pero nunca fuiste ola
cuyo danzar de espuma
se anudase a mi dulce
naufragio de esperarte.

Siempre hubiese sido demasiado
tarde para amarte.

Y lo supe
cuando no te vi
a un sueño de mí.

TUVIMOS EL MAR




TUVIMOS EL MAR

Tuvimos el mar cerca.
En nuestra costa,
rompían todas las olas.

En nuestra mirada
se quedaba todo el horizonte
sin más infinito
que nuestros ojos
empañados de lujuria.

Y mis manos, entonces,
eran barcas de piel
recorriendo tu espalda perfumada
de sal y dulce cansancio.

Anudábamos el paraíso
a nuestros labios,
en el sello de un beso.

Y entonces, el océano
era azul hasta en tiempos
de tempestad, bravío.

Tuvimos el mar.

Ahora sólo puedo
acostumbrarme a tu soledad.

Al mar sin tu corriente.

viernes, 18 de marzo de 2011

ME RECUERDAS




ME RECUERDAS

Me recuerdas
la tierra en los labios,
la arena en las uñas,
el sosiego de la tarde
que pasa en calma
hacia la noche.

El corazón tranquilo,
los latidos que, a veces,
faltan en el pecho,
la piel de la primavera
cuando se fecundan
abrazos en tu espalda,
y el amor echa raíces
en nuestros cuerpos.
Y somos una calle de ternura
sin escombros de cariño
en las esquinas.

Me recuerdas.
Tú me recuerdas
a mí sin espejos.

A la voz del mar..
Y yo intentando
seguir tu corriente
en esta barca de versos.

Tú me recuerdas...

jueves, 17 de marzo de 2011

EL MOMENTO DE DESAMARTE




EL MOMENTO DE DESAMARTE

Tu cuerpo llega
a extender mi piel,
cuando queda tras las cortinas
la imposibilidad de abrazarte.

Un golpe de llave.
Tres vueltas, y ahí estás.
Ahí estamos.
Encerrados en la dulzura
de nuestros ojos enamorados.
Como delfines
que se deslizan
sobre la misma ola.

Como viandantes
que sonríen a la tormenta.

Como pájaros de humo
que vuelan sobre un te quiero
de curvas y arrumacos.

Es, tal vez, tan dulce
la lluvia, cuando nos moja
de sudor las entrañas.


Tengo toda la noche
para deleitarme explorándote.

Y a oscuras
sé que existen tus besos.

Llega el momento de desamarte.

AÚN HABITO EN SU MIRADA




AÚN HABITO EN SU MIRADA

Aún habito en su mirada.
Me encanta navegar
en el color azul
de sus pupilas.

Y surcar cada palmo
de sus recuerdos
como un delfín
que juguetea
con la estela de los navíos.

Pero ella cierra los ojos,
cuando ya la fatiga acabada
desdibuja la calidez
imaginada de su rostro
sobre mis balcones de ensueño.

Yo soy el único, después,
que sigo mirándola.

ESTÁS DEMASIADO LEJOS




ESTÁS DEMASIADO LEJOS

Estás demasiado lejos.
Y sólo quiero en esta tarde
la sombra de tus abrazos.

Quisiera devolverte
a los besos de antes,
anudar tu mirada
al fulgor de mi pupila,
y chocar con tu cuerpo
en un cosmos de cariño.

Pero es muy difícil que vuelvas,
porque tocar un recuerdo,
tal vez, es como intentar devolver
las palabras al silencio,
cuando se ahoga
tras los muros de la tristeza.

Cuando naufraga una voz
entre estrofas de nadie.

Estás demasiado lejos,
como a un recuerdo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

NADIE ESTÁ DE PASO


NADIE ESTÁ DE PASO

Nadie está de paso,
cuando alguien
le recuerda que pasa.

Y sus huellas no se las lleva
la brisa de las calles
como hojas secas de otoño.

Cuando no caduca
la ternura en el abrazo.
Y se sigue pensando
en el instante
después del adiós.

Entonces,
nadie está de paso.

lunes, 14 de marzo de 2011

TUS OJOS AZULES




TUS OJOS AZULES

El humo puebla las esquinas.
Es difícil que una estrella
se asome a los tejados,
y lo único que aparece pintado
en las aceras son las lágrimas
de asfalto que van dejando
los pasos de los transeúntes
en las calles desiertas.

Todo parece
estar a oscuras.
La noche se adueña,
a veces, de las sombras.
Sin embargo,
me bastan ahora
tus ojos azules
para saber
que el cielo aún existe.

Pese a la ciudad.

TÚ NUNCA TE QUEDAS




TÚ NUNCA TE QUEDAS

Tú nunca te quedas.
Corres, te alzas, y vuelas
hasta mis labios,
cuando me falta la carne.
Y en el sueño, tal vez,
alcanzo tu altura.

Pero nunca te quedas
conmigo sin mi ausencia.
La nostalgia es la estación
en la que te quedas,
y el mediodía el tren
de polvo que te aleja
de mi cuerpo.

Tú nunca te quedas
sin que yo deje de ser.

Nunca te quedas conmigo.

domingo, 13 de marzo de 2011

CUANDO SÓLO LAS PALABRAS




CUÁNDO SOLO LAS PALABRAS

Cuando sólo las palabras
llegan. Y en el asfalto
se entierra mi silencio
tras las esquinas vacías,
y las calles de nadie.

Cuando sólo las palabras
son compañeras,
abrazo la poesía.

Y entonces, sé que la soledad
al menos, no es tan fría
como estar solo.

Cuando sólo las palabras.

NACIDO ENTRE BOMBAS


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NACIDO ENTRE BOMBAS
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Con una mirada clara y transparente me recibe. Ernesto Gómez Redondo se me acerca, desde el salón en el que se encuentra haciendo sus ejercicios mentales, y en pocos minutos me revela unas ganas de vivir y una inteligencia capaces de luchar contra el Alzheimer para contarme su entrañable historia.

La Guerra Civil da sus últimos coletazos en Cuenca. Sus pequeños ojos, de ocho meses, se despegan porque, tal vez, el fragor de la batalla lo ha despertado. Su madre corre desesperada en busca de algún refugio bajo el que pueda proteger a su hijo. Aun así, lo siguen volviendo loco los estampidos que asolan el territorio, porque no se los puede quitar de la cabeza. Hasta la anodina y leve explosión de una bolsa de plástico al estallar, lo asusta. Quizás, su fe lo ayude después a mitigar ese miedo.
Conforme los años van discurriendo, y los días van arrancando calendarios, ese ruido de fondo lo sigue acompañando. A veces, podría decirse que, por esa razón, siete décadas después siente un amor especial e íntimo por el silencio, cuando no hay nada exterior que lo perturbe: “Estuve un convento de Granada, por allí por el Sacromonte. Allí, había una sala que se llamaba la “Sala de Las Oraciones- afirma- donde había un silencio sepulcral. Había Santidad”.
Escucha algún sonido afuera. Se queda durante un momento en silencio. Y luego, cuenta lo más bonito que recuerda de su infancia, ya que, pese a todo, aún quedan ciertos huecos en la memoria para el goce y el disfrute: “me encantaba la leche con malta la mitad de la semana- asegura-. Mojaba galletas en ella. Y estaba deliciosa”. Hoy se lamenta, a veces, de no poder degustar aquellos platos de entonces como le gustaría por cuestiones médicas y, entre alguna risa, me comenta también cómo tuvo que proteger en alguna ocasión la comida de alguna parroquia, cuando el sacerdote que la custodiaba perdió las dos piernas a causa de los estragos de la guerra: “Recuerdo que el sacerdote de mi parroquia me dijo una vez que si él faltaba, que me encargara de cuidar su comida-dice-. Tuvo la desdicha de quedarse sin piernas”
Seguimos la conversación. Un rayo de sol parece asomarse tras las ventanas del centro residencial en el que charlamos distendidamente. La mañana se aclara poco a poco tras unos cuantos conatos de lluvia. Y con el sonido de esas últimas gotas sobre los cristales, comenta cuál fue el trabajo más duro que tuvo que desempeñar: “lo que menos me gustaba era segar con la guadaña. Me desvié un poco la columna”. Entre alguna risotada nerviosa, y un “pregúntame más cosas”, me intento adentrar algo más en los entresijos de su vida. A veces, se queda cavilante cuando le pregunto algo. Parece como si el alzheiemer construyese una muralla entre él y su pasado, y él intentase con todas sus fuerzas franquearla. En ocasiones, se lamenta diciendo que “no lo recuerda”. Aún así, en sus momentos de máxima lucidez, consigue relatarme cómo, por ejemplo, se tuvo que marchar de Cuenca desde que era muy pequeño por cuestiones familiares: “A mi padre lo destinó la UGT de entonces a Murcia”. En la capital de la Región, aprendió algo de música, una afición que aún sigue latente en lo más hondo de su corazón. En un momento en el que ya nuestro diálogo se va tornando más informal, tararea algunas de las notas que todavía permanecen guardadas en su memoria como tesoros en un baúl de nostalgias y anhelos. Y, entre notas y armonías, olvida el tempestuoso fragor de los estampidos y cuenta cuáles músicos y cantantes han marcado en cierto modo su vida: “Gloria Gaynor, la cantante del 'Ya no sabía', etc..”
Vuelve a quedarse mundo durante unos instantes. Puede que los recuerdos le hayan devuelto algún estruendo que quiera borrar lo más rápido posible de su mente. Y regresa a la conversación, que ya va llegando a su fin en un ambiente de sosiego y calma absoluta. El zumbido de las alas cetrinas de las moscas es lo único que interfiere en esa tranquilidad. Tras una pausa, Ernesto decide terminar la entrevista con un rotundo: “ A Dios me remito”.
Nos damos la mano. En su mirada percibo agradecimiento, complacencia y comedimiento. No sé por qué me da las gracias tras la entrevista: “Eres muy generoso”-dice. En ese momento, pienso que, tal vez, debo ser yo el agradecido por que me haya regalado sus entrañables recuerdos. Otra biblioteca ambulante y humana acaba de abrirme sus puertas de par en par. Llega el momento de separarnos. Voy en dirección a la salida, mientras veo cómo Ernesto vuelve a sus tareas cotidianas con la monitora que lo acompaña con su andar algo torpe y gracioso. Me pregunto si aún seguirá retumbando la guerra en su fuero más interno desde aquellos momentos en los que aún ni gateaba, cuando hoy ya la gravedad del tiempo lo va curvando. No puedo saberlo. No obstante, soy consciente de algo: esta tarde ya tengo otra historia que contar.

ESO ES TODO. ESO FUE TODO

ESO ES TODO. ESO FUE TODO

Nos dimos el mundo
en un beso.
Y yo aún
lo sostengo
en estos labios
de papel.

Eso es todo.

Eso fue todo.

A MI HERMANO




A MI HERMANO

Lo estoy mirando a los ojos desde hace algunos minutos. Entre las arrugas de las sábanas, y la decoloración de las paredes que rodean su cama, lo acompaño de la mano a aquellos parques en los que no estaba prohibido volar en los papeles. Nos reímos. Soñamos con ser ya mayores al mismo ritmo de crecimiento, desde el privilegiado asiento de los triciclos y los carricoches. Nos encanta el olor de la tortilla pizza que nos prepara nuestra madre en los tiempos de la ternura gratuita y los abrazos. En la playa, chapoteamos y jugamos a ser guerreros del agua con nuestras pequeñas manos. Ahuyentamos a un gato echándole agua, mientras tomamos una manzana, y nuestros padres nos devuelven una cálida sonrisa.
Él es mi espejo, y yo soy también parte de suyo. A lomos de nuestras BMX, comenzamos a descubrir el dulce vértigo de sentirse libres cabalgando sin ruedillas por las aceras, y aún resuena nuestro paso alegre en aquel campo de fútbol en que tantos balones corren. Las mismas lecciones nos educan. Saltamos la misma comba muchas veces. Otras veces, nos dedicamos sonrisas cómplices en las clases. Y nos riñen los profesores. Compartimos los mismos regalos en los sillones, cuando llegan los Reyes. Ilusión desbordante. Y luego, a seguir jugando.
Pero ya es tarde para seguir recordando. Estoy cansado. Aún así, parece que mi hermano gemelo sigue estando donde lo dejé, en su cama, en la cama de al lado, aunque tan sólo una caricatura enmarcada nos muestre juntos. Necesito dormir.
- Que descanses, Saúl.

Mañana volverá a estar ahí, donde lo dejé.

A MI MADRE VERSIÓN EN PROSA




A MI MADRE

Aún es temprano. La extenuación de la noche ya se ha disipado. Y ella se levanta de un camastro, impregnado del café de los años, entre la algarabía de las calles ruidosas del pueblo de Agaete; ese olor a pescado y mar de las Nieves que, tal vez, lucha por abrirse camino contra la pólvora invisible de los rifles de los grises; las campanas de la iglesia; y el murmullo de las madres que acompañan a sus hijos de uniforme hasta el colegio.
Mientras tanto, su abuela le prepara, con tierno esmero y cariño, algunas pellas de gofio para que el hambre no haga estragos en su estómago. Así todas las mañanas. Ella ya lo siente, y degusta ese manjar sin que aún su paladar haya podido rozar esa masa uniforme de millo tostado endulzado con una pizca de azúcar. Baja las angostas escaleras que separan su habitación de la mesa en la que la espera la sonrisa sempiterna de la "yaya". Recoge su bolsita de la comida, le da un beso de despedida a la abuela en la mejilla y se marcha con un escueto y afectuoso "hasta luego yaya".
-¿Volverás pronto del colegio?- le pregunta la abuela
- No lo sé. Tal vez, tarde un poco porque he quedado con unos amigos en el parque.

Aún no ha vuelto. Se ha ido muy lejos, tanto que ya las nieves del tiempo pueblan su rubio cabello. Encierra el mar en sus dos ojos ausentes y azules, mientras el Alzheimer le va regalando columpios de nostalgia y viejos recuerdos en la memoria, al mismo tiempo que le roba rostros y escenas de ahora. Parece ver algo en la televisión, recostada en un mullido sillón de casa. Me acerco, y le pregunto:
- Mamá, ¿Qué estás viendo?
- No lo sé. ¿Te acuerdas de abuela "Ciona"?

Tal vez, aún no haya vuelto.




jueves, 10 de marzo de 2011

VUELVES




VUELVES

Vuelves todavía,
aunque nunca
regrese tu cuerpo
a mis manos.

Y te toque
como al aire
que no tiene apellidos
en el viento.

Vuelves todavía.
Pero no eres tú.
Vuelves en el agua.
Y te escapas
como la ola que rompe
su espuma contra la roca.
Y tu ternura de noche
levanta otra vez
el polvo de mis cajones.

Chocas con mi recuerdo.
Y vuelves, inevitablemente,
sin ti.

ESTABA ESCRITO




ESTABA ESCRITO

Estaba escrito.
La lluvia no te mojaría
la silueta tras mis ventanas,
ni soñarías conmigo.
Tu cuerpo iba a ser
un muelle de lágrimas
en que encallarían mis penas.

Una palabra más
de mi nostalgia.

Estaba escrito, supongo.

Que sólo serías poesía.

NO NOS QUEDA MUCHO TIEMPO




NO NOS QUEDA MUCHO TIEMPO

No nos queda mucho tiempo.
Tal vez, el aire te lleve
a otro recuerdo a mediodía.
Y sólo, entonces, mi tristeza
podrá estar contigo.

Hasta luego..
No nos queda mucho tiempo.



martes, 8 de marzo de 2011

SOY DESARTE

SOY DESARTE

Soy desarte,
desamarte,
deshacerte,
despalabrarte,
desandar,
desquererte,
en fin,
desvivirte.

LAS PALABRAS AHORA MIENTEN




LAS PALABRAS AHORA MIENTEN

Las palabras ahora mienten.
Hablan. Y sin embargo,
no son más que susurros
de asfalto enterrados
en el fondo de la desdicha.

Silencio. Eso es todo
lo que ahora puedo decir:
silencio.

Porque las palabras
ahora mienten,
aunque la poesía
se escuche
tras este vaivén
de pulsos del corazón.

Silencio, tal vez...

lunes, 7 de marzo de 2011

LO PEOR DE HABERTE QUERIDO





LO PEOR DE HABERTE QUERIDO

Lo peor de haberte querido
es seguirte queriendo ahora.

Cuando ya no tienes después.
Cuando ya sólo llueven
lágrimas de mis bolsillos.

Cuando tus futuros besos
no son más que antologías
apiladas de sábanas vacías,
pájaros del sueño embalsamados
por tus caricias tempranas
de ausencia y nostalgia,
y guitarras sin resonancia
en las paredes muertas.

Sólo queda tu silencio
que tanto dice, y calla.
Un latido sin corazón
bajo la almohada,
y después de todo tú.

Aunque ya no me quieras.
Aunque ya no nos queramos.
Y no tenga diástole
esta sístole de ternura
en tu pecho.

Lo peor de haberte querido
es seguirte queriendo ahora.

Sin después en tu cuerpo.

domingo, 6 de marzo de 2011

AS MINHAS PALAVRAS

AS MINHAS PALAVRAS

As minhas palavras
são as tuas.

Aproximam-me a ti.
E a distancia torna-se então
num doce beijo azul
à poesia.

As minhas palavras
contam agora a tua lembrança.

A saudade de ficar contigo.

PROHIBIDOS LOS JUGUETES




PROHIBIDOS LOS JUGUETES

Prohibidos los juguetes
para quien no sueñe.

Para quien no levante los ojos
del asfalto de las aceras
sin algo de cielo en las pupilas.

Para quien no sueñe con el mar
sin importar que los peces
teman las redes y los anzuelos,
y las corrientes.

Para quien no desayune
mediodías después de las doce,
aunque las tardes acarreen
noches que amanecen
demasiado temprano
en horizontes ya rotos.

Para quien no viaje
en trenes de papel,
a veces, hacia sí mismo.

Y para quien no vea
los ojos de los pájaros
levantado sus alas
tras la luz triste
de las lámparas urbanas.

Para quien no sueñe,
prohibidos los juguetes.

PORQUE ME RECUERDAS


PORQUE ME RECUERDAS


Porque me recuerdas,

tal vez, aún no me he ido,

aunque después de mi cuerpo

lleguen la ausencia y la soledad.


Y mis huellas no se acaban

como el océano de espuma

que queda en el suelo,

cuando el olor

de la fregona se disipa.


Porque me recuerdas

sé que mis pasos

no los borrará el tiempo

como las miradas

de un niño que ya se volvió

demasiado mayor

para soñar con las nubes

sobre el asfalto.


Porque me recuerdas,

tal vez, mis palabras

tienen después en mi silencio.

Y los poemas emergen cálidos

como amaneceres de polvo

tras las paredes que no escuchan.


Porque me recuerdas

mi voz ahora es voz,

aunque quizás el Sur

quede a un adiós de raíles

de donde yo ahora me siento.


Porque me recuerdas,

tal vez,

soy. Y seré...

LA FELICIDAD

LA FELICIDAD

La felicidad
debería ser sonreír,
simplemente.

Sin comprar pájaros
en los supermercados,
sensaciones en las esquinas
de los cristales,
unos gramos de sueño
en papeles de regalo,
y optimismo de fin de semana
a precio de borrachera.

La felicidad
debería ser
estar alegre, simplemente.

Por vivir...

TU SONRISA AHORA


TU SONRISA AHORA

Tu sonrisa ahora
es de anhelo y recuerdos.
Y se disipa como el agua
entre los dedos óseos
de mi consciencia
cuando, en los sueños,
surco demasiado las curvas
felices de tu rostro alegre.

Tan sólo quisiera, quizás,
desayunar algo de ti,
una parte de tu cara,
tus senos perfumados,
y tu nocturna belleza.

Pero el mediodía la desgasta.
No hay después de tu gesto
en mis palabras.
Y el amor se vuelve, entonces,
una cuerda floja de aflicción.


Mientras te consume
el adiós de un recuerdo
que no termina nunca de irse
como el ruido de la corriente
de las olas en la silueta
de las playas.

Sólo de anhelos y nostalgia.
Tu sonrisa.

sábado, 5 de marzo de 2011

TODO EL MUNDO

TODO EL MUNDO

Podría recorrer todo el mundo.
Pero sé que seguirías lejos.
Tal vez, alcanzar un recuerdo
cuesta todo un sueño.

Cerrar los ojos.
Y cortar el mar
hasta después del cansacio.

A pesar de todo el mundo..

viernes, 4 de marzo de 2011

LO RECUERDO




LO RECUERDO

Lo recuerdo ahora.
Había algo diferente
en su mirada aquella mañana.
Tal vez, no goteaba
sangre el amanecer
en sus ojos tristes.

Las calles las ensanchaba
una autopista de sueños
en su pensamiento.

Y en los manantiales
de aquel parque se detuvo.
Escuchó algo más que un murmullo
de ondas que dejaban
su mensaje de agua en la hierba.
El ruido de los pasos
dio camino a las palabras,
entonces. Y levó anclas
de sí mismo
para volverse agua,
y poesía.

Lo recuerdo.
Era yo, entonces.
Soy yo, ahora.

SALIR DE MÍ

SALIR DE MÍ

Sueño
con salir de mí.
Quitarme ese peso
de las fotografías
amarillas y la nostalgia
que tanta gravedad carga
sobre mis alas de tinta.

Y ser flor en la primavera.
Viento en las tempestades,
corriente en los océanos,
aire en la brisa,
y fruto en el árbol.

Parte natural del universo
quiero ser.

Salir, tal vez,
de mí mismo.

PARA QUE TÚ ME MIRES




PARA QUE TÚ ME MIRES

Para que tú me mires,
tal vez, me aferro al gramo
de luz de una lámpara.
Y pienso que la iluminan
tus pupilas mientras me pierdo
en amaneceres de polvo,
y humo.

Invento tus ojos,
anudo mis pesares
a las costas vidriosas
de tus niñas encendidas,
y naufrago dulcemente
en tu sutil parpadeo
de sueño.

Para que tú me mires,
tal vez, no he de estar
mirando tu recuerdo.


jueves, 3 de marzo de 2011

ENCONTRAR PAYASOS




ENCONTRAR PAYASOS

Ahora se ha vuelto
algo difícil encontrar payasos.
Las aceras no me sonríen,
y las sonrisas se han tornado
habitantes también del asfalto.

Las calles no se tiñen
ya de narices rojas.

La sangre
se ha vuelto adinerada.

Los circos se han quedado
mudos, y los funambulistas
ahora no recorren cuerdas finas,
sino dogales siempre
por el corazón.

¿Y dónde queda ya la comedia?
Quizás, mañana me toque,
después de fingir mi alegría,
seguir con mi teatro
tras los telones de la urbe.

EL ANSÍA DE NO AHOGARME




EL ANSIA DE NO AHOGARME

El ansia de no ahogarme
la aprendí sumergiéndome
en tu boca, mientras te besaba.
Y el mar lo encerrabas
toda tú en tu cuerpo.

Podía bajar, entonces,
por tu espalda.
No había fondo
en aquel rumor salado
y cálido de lujuria
deslizándose por tu silueta.

Y el timón de mis navíos
lo llevaban tus balanceos.

No existía el naufragio
en aquellos abrazos.
Mis manos siempre
te alcanzaban.
Y, en momentos de pena,
eras la costa
en que encallaba dulcemente
mi tristeza herida.

Tampoco teníamos horizontes.
Nos bastaba mirarnos
para saber lo infinito
tras nuestras paredes.

Nosotros éramos nada,
y casi todo.

Pero te fuiste,
y en tu adiós, quizás,
arrastraste algo más
que una despedida.

El ansia de no ahogarme...

El océano se volvió,
entonces, de agua.
Y te escapaste,
como corriente entre mis sílabas.

Con el ansia de no ahogarme..

ALGÚN DÍA




ALGÚN DÍA

Algún día
puede que existas.

Puede que no tenga
que pedirle a un poema
que escriba tu nombre.

Y me lleve a las estrellas
para surcar tus ojos.

Ni tus lágrimas sean pasto
de adioses de flor y tinta.

Algún día
puede que existas,
tal vez,
cuando tu sonrisa
sea algo más que un dulce
contraste entre yo
y la solemne tristeza
de quererte desde un sueño.

Algún día, tal vez, pases.
Y puede que no seas
escurridiza como el silencio
cuya voz se escapa
de mis palabras,
cuando no consigo anclarlo,
como barco a un muelle,
a mis páginas.

Sonreíremos, entonces,
sin pronunciar adiós.

Algún día
sabré que te he querido.