MÚSICA PARA EL ALMA

miércoles, 29 de diciembre de 2010

MI MADRE RECUERDA




MI MADRE RECUERDA


Suena el arrorró de entonces. Una leve música infantil parece dar la bienvenida a la brisa que atraviesa las ventanas para levantar las pestañas de dos niños que corretean en triciclo por unos escuetos pasillos. Y sonríe ante los dos seres gemelos que ha creado. Deshace la cuna, y otro día se asoma como un amanecer claro y azul en unos pasillos cálidos poblados por la ilusión y la esperanza. El mediodía, al cabo de unas horas, comienza a discurrir como de costumbre. Los fogones impregnan de un cierto sabor a delicia y nostalgia las paredes cuyas baldosas absorben los aromas de una cocina maravillosa donde vuelan más que efluvios de especias. La mesa queda servida después, y entre chistes y risas se despide la luz del día para saludar a la tarde que declina. Ella mira por la ventana cómo las hojas del otoño se pasean por el viento cual mujer en el abrazo de un amado. Ese balanceo la consuela, y tras sus dos espejos verdes de agua, la vida es bella en ese instante. La noche llega, se posa en las calles como un pájaro nocturno cuyas alas abarcan toda la cuesta del barrio. Y la hora del arrorró llega. Toca dormir a los infantes. Y luego, el cansancio la derrumba en una cama.
Pero son las cuatro de la tarde, pese a todo.

-¿Mamá, estás aquí? ¿Qué ves?
-No lo sé. Sólo estoy ante la televisión

Supongo que mi madre tan sólo recuerda. Vuelve a sonar el arrorró, lejos de casa, en su memoria.


LA GENTE TIENE PRISA




LA GENTE TIENE PRISA

La gente tiene prisa.
Parece querer llegar
a algún lugar.
Y queda después de la carrera
en las aceras un rastro cansado
de camino al asfalto
que nunca moja el mar.

Tienen prisa.
El tiempo apremia,
y absorbe cada segundo
como la arena una gota
de océano en su piel
de granos transparentes.

Y tengo que decir
que yo sólo correría
si supiera que por ello
podría alcanzarte.

Entonces, al besarte,
me tomaría con más calma
la vida.

Sin tanta prisa
como la gente.

lunes, 27 de diciembre de 2010

SUEÑOS DE UN AMIGO




SUEÑOS DE UN AMIGO

El horizonte parece reducirse, en este momento, a las cuatro paredes de una habitación poblada de máquinas y respiraderos artificiales en la que la vida parece extinguirse a borbotones de suero y medicinas. La luz de la tarde, tras unas ventanas algo empañadas y sucias, parece luchar con la umbría de la estancia por abrirse algo de camino entre la oscuridad antes de que el ocaso termine de matarla como cada noche. Y sus ojos perdidos y ausentes parecen querer acabar de despertar a mi diálogo y lo que le rodea. Pero el coma pesa demasiado. Y, tras un rato de batalla, parece volver a cerrarlos exhausto y sin mucho aliento. Lleva ya así más de un mes. Y cuando ahora me decidí, en un arranque de coraje y resignación, a visitarlo me pregunté en qué mundo se hallaría ahora. Me pregunto si ahora corretea por aquellas mesas de San José del Álamo imaginando que, impregnados de cierto sabor a asadero y chuletas, los recuerdos vuelven a tornarse en un espacio cierto del mundo. Lo cierto es que me gustaría ahondar un poco más en sus pensamientos, y vislumbrar algo más que unos ojos perdidos y vidriosos que intentan mirar quién sabe en qué dirección. Diría que su mirada, ahora, es como un velero cuyas velas buscan el tacto del viento en un mar demasiado en calma; una veleta, tal vez, que busca algo de aire para tener alguna dirección en la que girar. Y me gustaría que me respondiese. Pero por ahora se ve que ha de seguir descansando. Me voy de la habitación. Lo único que puedo decirle es que se cuide, y que el coma tenga un punto y seguido más allá de sus sueños.

A VECES SIENTO QUE ME DERRUMBO




A VECES SIENTO QUE ME DERRUMBO

A veces, siento
que me derrumbo
como un castillo de naipes
por el embate de un gramo
de aire movido en el viento.

Y caigo, entonces,
con mis palabras
a un pozo de lágrimas
que convierten mi mirada
en un altiplano nublado
de amargura y aflicción.

Sin embargo, un rayo de luz
se asoma en mi garganta,
entonces, y las líneas
se vuelven atardeceres
que no quieren declinar
demasiado temprano.

La vida, entonces, me levanta
con su música, y su tragedia,
quizás, para que exista.

Cuando siento que me derrumbo...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

MI LOTERÍA

MI LOTERÍA DE NAVIDAD

Quizás, ahora
en este día en que bombos
regalan sonrisas
pecuniarias en las cuentas,
y saltan las bolas
con los sueños de papel
de los boletos,
yo solo quiero decir
que me ha tocado el Gordo
sin haber jugado un décimo:
estar vivo.

BAJAS CON MEDALLA




BAJAS CON MEDALLA

Bajas con medalla.
Daños colaterales
con sabor a cifra humana.

Hemorragias mortales
de cristales rotos,
y mediodías infartados
en los ojos de los sueños.

Y soldados muertos,
algunos sin uniforme,
y otros sin camino
que, tal vez, nunca supieron bien
el color de su uniforme
hasta que llegó la sangre
a corretear por las nubes.

El viento tiembla,
y otra bomba puede caer.

Bajas con medalla, tal vez,
es lo único que deja la guerra.

martes, 21 de diciembre de 2010

MI ANTIGUA CASA




MI ANTIGUA CASA

Ahora quiero volver
a mi antigua casa.
Recorrer aquellos pasillos
como hace algunos años,
sin pensar en las curvas
pronunciadas del destino.

Corretear por cada esquina
de los dormitorios
en aquel elefantito rosa
de andar peculiar a ruedas.

Y volar raudo por los sueños
sin más alas que las ganas
perennes de ser infantil,
y acompañar a las palomas
en su vuelo por el manto
naranja del ocaso.

Sin embargo, ahora sé
que volver será despedirse
de aquellos pasillos
encantados de entonces.
Y luchar, tal vez, para que no duela
demasiado el regreso.

Y los recuerdos aún huelan
a ciertas primaveras de entonces.

En mi antigua casa.

lunes, 20 de diciembre de 2010

ALGUIEN SE BAJA DEL TREN




ALGUIEN SE BAJA DEL TREN

Alguien se baja del tren.
Y otro sube en cada estación.
Los vagones de mi vida,
entonces, se llenan y vacían
de pasajeros como las páginas
de mi historia, cuando construyo
y derribo poemas de una existencia
siempre en proceso de fabricación.

Los días dejan entonces
una estela anaranjada
en las tardes, y una esencia
agridulce de raíles y ocasos,
y pésames, y despedidas.

Alguien se baja del tren.
Y otro llega en la siguiente parada.
Y me digo, mientras contemplo
cómo las miradas pasan
igual que los paisajes que voy dejando
tras las ventanas:
así será mi vida, siempre.
Como la gente que baja
y sube a caminar.

Un viaje por el tren
de mi existencia.

domingo, 19 de diciembre de 2010

¿QUÉ SON LOS SUEÑOS¿




¿QUÉ SON LOS SUEÑOS?

¿Qué son los sueños?
Me pregunto, ahora,
que el cansancio clava
en mis pestañas su azote,
y empieza a dejarme
a oscuras, sencillamente.

Los sueños. Tal vez,
no sé qué son los sueños.
Pero algo sí sé, después de todo.
Me dejan respirar
algo de silencio,
cuando me ahogan
los pésames de ruido
de una ciudad llena de fantasmas
de asfalto y semáforos
en las calles para los pájaros
que pasen la velocidad
inútil de lo cotidiano.
Y, entonces, el mar es una charca
sin olas que se puede andar
sin más arma que los pies,
y una estela que trazar.

Los sueños, tal vez, sean
la vida de las palabras
más allá de la tinta.
Un nuevo suspiro
para quien se olvidó
de respirar tras la asfixia
mundanal de la rutina,
y las alas de una mariposa
frágil de ilusiones
que se pierden cada día
bajo el peso de la verdad
incierta de existir sin tiempo.

Los sueños.
¿Qué son los sueños?
Tal vez, lo que duele
encontrar en los espejos,
tras la extenuación nocturna:
nada.

O, tal vez, lo que despierta
a la primavera, y deja
que las rosas de una estantería
busquen su semilla en mis letras.
Y no caduque, entonces,
la primavera en los recuerdos.

Aunque duelan, a veces,
los sueños.

NO HAY HERIDA


NO HAY HERIDA

No hay herida que sangre
más de un golpe,
ni cuerpo que se desangre,
aunque se nos clave
una espada de verdad
en el corazón.

Todos los golpes, en la vida,
se pueden curar.
Todo es levantarse
sin postrarse ante el miedo
de aprender, de nuevo,
a caminar, si hace falta.

Después de cada herida...

sábado, 18 de diciembre de 2010

SI HABRÁ MAÑANA




SI HABRÁ MAÑANA

No sé si habrá mañana.
Si mañana tu cuerpo
no será otra adivinanza más
cuyos secretos sólo conoce
el aire revuelto de poemas,
y algunos papeles más
que sostienen aún tu recuerdo
como un dogal de nostalgia
bajo los cajones.

No sé si serás mañana
otro abrazo en el cuerpo.
Y si podré llegar a tus ojos
sin quemarme la mirada
en las despedidas
de cada tarde en poemas.

Por eso, quiero
amarte ahora,
porque mañana
no quiero tener que preguntarte:
¿Te quedarás más que hoy?

viernes, 17 de diciembre de 2010

DESPUÉS DE LO QUE HE DICHO

DESPUÉS DE LO QUE HE DICHO

Después de lo que he dicho,
y lo que diré,
y lo que callaré también,
sé que habrá más palabras
que, tal vez, hablen de mí
sin que mi voz cante de nuevo
otra canción a la vida.

Después de lo que he dicho,,
tal vez, alguien recuerde
un poco de mi historia.

Y seré feliz si es un amigo
el que la cuenta.

SE ME IRÁ LA VIDA


Y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón...

Jaime Torres Bodet "Canción de los versos serenos"




S
E
ME IRÁ LA VIDA

Se me irá la vida, tal vez.
Se me irá en preguntarle
a la tarde por tus ojos,
mientras la noche acecha.
Y vuelvo, entonces,
después de que sangre
el cielo plasma
de color naranja,
a mirarte desde el silencio
de una ausencia en blanco.

El rumor de las olas
me recordará también
cuán dulce fue tu corriente
mientras no había tantos kilómetros
de sal y vaivenes de espuma
entre nosotros.

Y se me irá la vida, tal vez.
Desechando demasiadas auroras
porque buscarte ahora,
y mañana siempre será
navegar en tu ausencia
con mis barcos de palabras.

Se me irá la vida, tal vez,
volviendo a recodarte
cada vez que no te olvido.

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA HABITACIÓN SE QUEDÓ SOLA




LA HABITACIÓN SE QUEDÓ SOLA

Y el silencio respondió
después de que hablara
la guitarra, y las risas
dieran paso al diálogo intenso
con las paredes.

La habitación se quedó sola.
Y mi voz se volvió, después,
una anécdota de sonido
en el aire lleno de pésames,
y recuerdos que se entierran
como poemas bajo los cajones.

Al cabo de un rato,
tuve que preguntarle
a mi soledad qué había ocurrido.

Sólo me dio
más silencio de respuesta.

NO COMPARTIR LAS LÁGRIMAS




NO COMPARTIR LAS LÁGRIMAS

A veces, pienso:
no vale la pena
compartir las lágrimas
cuando es preferible
el silencio a un aplauso
de voz hipócrita
en el oído.

Porque, entonces, es mejor
ser, tal vez, como la ola
que, al despertar en la corriente,
se mece un segundo en la arena,
lanza su canto de espuma
y se esfuma rauda en su vaivén
como las letras de un verso
en los brazos del viento.

No vale la pena, a veces,
abrir la puerta de la tristeza,
cuando nadie quiere escuchar
una gota simple en el río,
algo más salada que de costumbre.

Queda, entonces, compartir las lágrimas
inútiles con los folios
vacíos de mi historia.

martes, 14 de diciembre de 2010

NO PREGUNTES POR QUÉ




NO PREGUNTES POR QUÉ

Te amo, aunque estés lejos.
Y no preguntes por qué.
Quizás, las heridas duelen menos
cuando hay dos cicatrices
que pueden taparlas.

Y la pena no es tal,
cuando hay quien escucha
dos lágrimas en toda la corriente.

Te amo, y no preguntes
por qué. Quizás,
no haya más respuesta
que el silencio para compartirte.
Y que sigas calmando dolores...

DIÁLOGO EXTRAÑO CON MI BOLÍGRAFO




DIÁLOGO EXTRAÑO CON MI BOLÍGRAFO

Hace tiempo que no gira ningún mundo ilusorio y entintado por su esfera azul, porque llevo algunos meses sin dejar que cabalguen sueños por sus trazos trémulos y, a la vez, vigorosos. Se ha tornado, en estos días, un jamelgo al que ya no saco a pastar por aquellas praderas ensoñadas de fábulas y letras maravillosas cuyas fronteras ya no puede abarcarlas la estrechez de su habitación de metacrilato. Y ahí está, sobre la mesa, pidiéndome a aullidos que lo vuelva a empuñar como antaño y lo saque del olvido como aquella espada de fantasía con la que me batía contra todos mis pesares sin más miedo que se le acabara aquella sangre azul con la que reinaba en mis paraísos. Me reclama un poco de atención, algo más que antes. Pero ya no me queda tiempo para entablar conversaciones profundas con él, y sólo puedo darle la bienvenida cuando algo rebasa mi recuerdo y necesito que me escriba alguna nota en un mísero trozo de papel. Entonces, se siente algo agradecido y me sonríe de una forma un tanto peculiar, muy propia de él. Me regala otra aventura, tal vez, otro párrafo más de historia. Sin embargo, ahí ya he de detenerme. Y, entonces, se pregunta por qué, cuando aún no hemos empezado el trote juntos, ya lo quiero dejar. Le digo que ya no tengo las mismas energías que antes, y que mis manos prefieren que la imaginación vuele ya sobre las teclas de un ordenador, porque el espacio virtual es infinito y, además, me permite luchar mejor contra la fatiga. Me cansa demasiado esgrimirlo como en otros tiempos. Y, a veces, sé que, desde una esquina apartada de la mesa, solloza en silencio para que no escuche caer sus lágrimas de tinta sobre la madera algo astillada y carcomida por los años. Ya sólo puedo decirle que no puede acompañarme por ahora en ese camino curvílineo o recto de versos y caricias de tinta. Tal vez, cuando no me extenúe seguir escribiendo mi historia, vuelva a dialogar con él como antaño. Mi bolígrafo...

domingo, 12 de diciembre de 2010

ESCRIBIR, UN PREMIO

ESCRIBIR, UN PREMIO

Escribir ahora es un premio.
El mejor de los trofeos
de saber hablarle a un papel,
tal vez, algo pálido y vacío.

Y llenarlo de poesía,
historias, naufragios,
y una voz que chilla a la vida
en el silencio de unas líneas.

Escribir: todo un premio.

sábado, 11 de diciembre de 2010

SÓLO ME CALLÁRA




SÓLO ME CALLARÁ

Sólo me callará
el silencio de los ataúdes.
Hasta entonces,
hablará mi vida.

A MI CUADERNO(VERSIÓN EN PROSA)




A MI CUADERNO

Se siente solo. No hay letras que lo acompañen, mientras el silencio parece querer asediar cada rincón del polvo que lo envuelve bajo los cajones. Tiene miedo del paso del tiempo y teme mucho que lo deje relegado al olvido como una huella de tinta que se evapora tras el poema, porque ya lleva solo algunos años en los que sólo han habitado sus costas de anillas las sombras de las paredes. Echa de menos ya gotear sudor por sus poros de márgenes como alguien al que le gusta echar a volar sin despegar demasiado los pies de las aceras. Tiene mucha nostalgia de aquellos tiempos en los que cada latido de mi corazón palpitaba entre sus márgenes, y sé también que le gustaría mucho navegar en mis travesías por los sueños como grumete de un barco velero cuyo timón nunca se sabe hacia qué rumbo va a orzar la nave. Ser ese compañero fiel de triunfos, conquistas, desventuras y naufragios. Ya no le doy aquellas alegrías de antaño, gracias a las que sus líneas azules de cuadros se volvían pequeños remansos de paz en los que mis palabras podían descansar tranquilas sin ruido alguno que las molestase y cambiase sus verbos de calma por sustantivos de congoja y aflicción. Y tampoco le pido que me ceda su hombro siempre leal para verter sus cascadas de sal y amargura sobre mejillas de papel, y que así apuren su carrera al exilio de mis pensamientos los fatuos fuegos. Supongo que lo he dejado algo abandonado, y que ya no es aquel confidente cuyos oídos imaginarios siempre estaban dispuestos a escuchar, aunque les fuera los tímpanos en ello, porque ahora mis dedos cabalgan sobre teclados, mientras redacto otra página de mi historia fuera de sus escuetas fronteras de fibra vegetal empastada. Sólo puedo decirle, desde aquí, que no se preocupe. Quizás, dentro de poco, vuelva a escribirle. A mi cuaderno. Hasta luego.

jueves, 9 de diciembre de 2010

A MI CUADERNO




A MI CUADERNO(VERSIÓN POEMA)

Ahora me pide que le escriba.
Dice que lo tengo algo olvidado,
porque las letras no tocan ya
a sus puertas de márgenes,
y sus cuadros en donde han cabido
tantos sueños y barcos
rumbo a paisajes inhóspitos
sobre las anillas de la inocencia.

Le faltan aquellos labios
de tinta en la calidez
de un verso inspirado.
Y me implora que no lo abandone.
Que quiere seguir siendo aquel faro
que guiaba mis viajes
y mis naufragios
por las líneas del recuerdo
y del olvido, y el amor.

Me pide que le escriba.
Y yo, quizás, sólo pueda brindarle
otra lágrima más de alegría
o aflicción con algo de magia
en mis mejillas.

Otro poema, tal vez,
le escriba a mi cuaderno.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

AHORA NO QUIERO HABLAR

AHORA NO QUIERO HABLAR

Ahora no quiero hablar
más de la cuenta.
Porque al silencio solo puedo
susurrarle un verbo
de calma y quietud.

Y, entonces, sobra todo
menos mi diálogo
con el poema.

Ya lo he dicho.
Ahora no quiero hablar.
Y pido permiso esta noche
para conversar con mis palabras.

martes, 7 de diciembre de 2010

AINDA NAO FICO LONGE DE TI

AINDA NAO FICO LONGE DE TI

Já partiste. Já foste embora
além das minhas lembranças,
do meu corpo e a minha saudade.

Além dos mapas e os paises.

Mas ainda nao consigo
ficar longe de ti.
Eres a água que ainda molha
as minhas lágrimas.
O aire do vento que percorre
a inspiraçao destas ondas
transparentes de versos.

E as estrelas do céu
ainda me falam
da sua inveja
quando viam brilhar
o teu olhar.

Eu suponho
que nao há distância
para os sonhos,
embora a corrente do mar
separe agora duas almas.

Quiçá escrever seja agora
aproximar a lembrança
da tua beleza que arrojei
de mim há longo tempo.

Ainda nao fico longe de ti.


QUISE CALLARME




QUISE CALLARME

Quise callarme entonces.
Y así no echar más pájaros
a volar sin más alas
que los sueños infinitos
sin fronteras en el cielo.

Era peligroso. Eso me decían.
Era peligroso aterrizar
después en la tierra,
cuando ya el vuelo traspasa
los umbrales de la noche
y viene a saludar al día
con los párpados semiabiertos.

Y después de reparar
al cuerpo del cansancio,
aún se quiere seguir
extenuado para ausentarse
de las paredes sucias,
y los besos de humo
de las fábricas.

Quise callarme, entonces
para no matarme.

Y supongo que aún
sigo en peligro de muerte..
volando....

lunes, 6 de diciembre de 2010

QUISIERA VOLVER A VERLA DESNUDA


Hoy quisiera enfrentarme con la página blanca
como se enfrenta un joven con su primer amor,
y hacer de este poema un punto de partida,
un punto sin retorno, un lugar que recoja
los poemas posibles,
aquellos que hace tiempo escribí sin mesura
y todos los que quiero no tener que escribirte,
olvidando esos versos fugitivos del tiempo
-naipes al aire hoy, ayer vanos castillos-,
en donde siempre, siempre, con cruel insistencia,
el eslabón más débil
ha resultado ser el corazón
..

Álvaro Salvador





QUISIERA VOLVER A VERLA DESNUDA


Quisiera volver a verla desnuda,
porque desde aquel primer verso
ya no es la misma de entonces.
Dice más tonterías, tal vez.
Corteja mejor cada ráfaga del viento
que llega como una ola de palabras
a la página sin más habitante
que un abrazo por concretar
en las manos de una idea.
Y se pasea más suelta
por las aceras volubles
de mis calles imaginarias.

Le bailan más mariposas
en ese estómago de maravilla.
Entiende mejor las corrientes
del mar y su nostalgia de espuma.
Y conversa sin que sobre
un solo hemistiquio con mi silencio.

Está más hermosa que antes,
tal vez. Pero yo quisiera
verla desnuda sin tanta silueta
artificial y sin tanto verbo
adulto.

Que fuera más inocente.
Ella, en el primer verso.
En la primera página
en blanco que logró
que yo escribiera.

Con su nombre.
Y sus tres sílabas
que ya duran
más de nueve años
en mi recuerdo.

Poesía....
Quiero volver a verla
desnuda como entonces.
La poesía....






ACABARSE LOS POEMAS




ACABARSE LOS POEMAS

Las palabras no van a marcharse.
Y yo intentaré decir las mías,
antes de que me silencie el tiempo.

Sin embargo, tengo miedo
de que algún día
se me acaben los poemas.
Y ya no sude, ni llore,
ni lata en cada letra
un corazón cuyo latido
rebasa la tinta sobre el papel.

Tengo miedo, tal vez, ahora
de que la página se quede en blanco
como un muerto de letras
sobre un lienzo de lápidas.
Y ya no encuentre poesía
que rellene ese vacío.

Que se acaben los adverbios,
sustantivos y verbos mágicos
que sólo contienen los versos.
Y ya vuele sola la poesía
como una nube de paso
que me dice adiós
desde las ventanas de mi tristeza.

Cierto que diré mis palabras.
Pero tengo miedo.
Tengo miedo
de que se acabe
su poesía.

domingo, 5 de diciembre de 2010

HOMENAJE, TAL VEZ PÓSTUMO, A MARÍA




HOMENAJE, TAL VEZ PÓSTUMO, A MARÍA


Recuerdo que aquella tarde de hace más de dieciséis años el sol vespertino disparaba flechas de luz en mi triste mirada. El día era hermoso. Sin embargo, yo no tenía ganas de contemplarlo como se merecía. Había pasado otro aciago mediodía de golpes y burlas en los rincones de aquel patio del colegio con cuyas paredes de escayola mi silencio entablaba largas y tendidas conversaciones. Me sentía el niño más desgraciado de cuantos pisaban la tierra por aquel entonces y, aunque aún era abstemio, había un licor salado que siempre bañaba mis sonrosadas mejillas: las lágrimas con las que me embriagaba de sueños.

Eran ya las cuatro de la tarde. Y mis padres y yo nos dirigíamos a un nuevo centro de rehabilitación, en el barrio de Escaleritas, de cuyas paredes ennegrecidas y sucias aún me acuerdo. Aquiles aún me flaqueaba bastante, hasta el punto de que no me dejaba caminar como cualquier niño: tenía que andar de puntillas a duras penas y caerme más veces de las que podía levantarme. "Siempre tropezándote con las rayas del piso Efrén"- me decían mis padres. No obstante, parecía que la solución iba a llegar más pronto de lo esperado, aunque lo cierto es que, en mi fuero más interno, no creía ya nada de lo que afirmaban aquellos médicos que se habían pasado toda mi vida la pelota, y no precisamente la de plástico. Era como un juguete en las manos inexpertas de un niño que se entretiene buscando la manera de entenderlo. Sin embargo, mis padres me decían que aún debía conservar la fe y que, dentro de muy poco, no habría dardo envenenado que me tumbase.

Yo seguía llorando, aunque mis lacrimales no derramasen gota alguna de sal por aquellos lóbregos pasillos en los que el sol parecía diluirse como las huellas del mar en la playa tras unas cortinas bastante roídas y descuidadas. Cuatro camillas sobre cuyos respaldos reposaban algunas cárceles de huesos, un fisioterapeuta y una secretaria eran los únicos habitantes que poblaban aquella estancia umbría. Sólo me apetecía huir en aquel instante para columpiarme en las nubes de mi imaginación. Sin embargo, había una niña, de rostro macilento enclaustrado en una jaula ósea, cuya sonrisa inocente y maravillosa parecía huir de aquel suplicio en una ráfaga de coraje. Me había cautivado. Estaba bastante peor que yo. Una atrofia muscular severa la había dejado postrada a la cama y pegada a unas sondas con las que se alimentaba desde el día de su nacimiento. Todo lo que podían hacer entonces, en aquel centro, era estimular un poco aquellos músculos engarrotados y brindarle un poco de bienestar a una niña abocada a la desgracia sin pretenderlo. Sin embargo, sonreía. Y el brillo de sus ojos me regalaba un gramo de alegría, entonces, y, a su vez, hacía que me preguntara por qué me creía el más desafortunado de los niños. Me decía mucho más de lo que podía expresar con sus gruñidos y sus limitados gestos, aunque no fuera consciente, en ese momento, de ello.

Los días pasaron, y las semanas, y los meses. Cada lunes, miércoles y viernes a la misma hora de la tarde la veía en aquella posición casi fetal. No había terminado de nacer, quizás, y puede que nunca lo hiciese como corresponde a todo ser humano. Sin embargo, entre gruñido y risotada forzada, hablábamos de manera cada vez más profunda.

    • Hola.. ¿Cómo estás?

    • Ahhhhhhh- replicaba siempre en un intento vano de comunicación oral.

De todos modos, las palabras sobraban por aquel entonces. En cada mirada, ella me decía todo lo que se necesitaba para contar una historia. Aquellos ojos encerraban toda una biblioteca de fantasías que, tal vez, nunca vería la luz más allá de aquellas pupilas encendidas por quien sabe qué flama de esperanza. Y lo cierto es que, al principio, estaba sordo y ciego. No podía entenderla, porque, quizás, hasta ese entonces no había sido capaz de entender cuánto se puede decir en un gesto, en una determinada actitud. Sin embargo, ahora ella se había tornado en un libro abierto cuyas páginas quería devorar trozo a trozo como un ávido lector de relatos de aventuras, porque descubrirla era darme cuenta de lo afortunado que era, aunque pueda parecer egoísta.

Los primeros días me costaba entrar a que curasen de forma baldía e inane a Aquiles. Sin embargo, ya aquello había pasado a un segundo plano. Me bastaba hablar sin términos complejos con aquella muchacha de piel blanquecina. Y, por ello, aquellas tardes pasaban igual de rápido que una nube de paso por los cielos del mundo hasta que, después de año, dirigí la mirada hacia la camilla en la que aquel segundo ataúd óseo en el que le había tocado vivir reposaba. Ya no estaba allí. Y lo primero que hice fue preguntarle a la secretaria dónde se había metido mi compañera de viaje por la imaginación. Habíamos volado tanto juntos sin desplegar más alas que nuestras ventanas siempre abiertas a los sueños que echaba mucho de menos verla allí, aunque, en el fondo, supiese que, tal vez, lo mejor que podía pasarle era marcharse a aquel país de maravilla bajo sus párpados.

    • ¿Dónde está la muchacha de aquella camilla?- pregunté.

    • ¿Te refieres a María? Ya no está en este centro. - me respondió la secretaria

    • ¿Y adónde ha ido?

Nunca me lo dijeron y lo cierto es que nunca volví a verla más allá del recuerdo. Tal vez, los ángeles estarían velando por su alma ya. Aquel golpe de su marcha, por extraño que parezca, me dolió mucho menos que los que me propinaban algunos chiquillos de mi colegio, porque quizás ella me había enseñado de forma indirecta que la vida es un tesoro del que no hemos de desprendernos hasta que nos la robe la muerte, mientras podamos contarla. Aún su recuerdo perdura en mi memoria como entonces, hace ya más de dieciséis años. María: así se llamaba aquella niña.

sábado, 4 de diciembre de 2010

OJALÁ ALGUNOS CUENTOS


Inspirado en la canción de Ismael Serrano "Papa cuéntame otra vez"



OJALÁ ALGUNOS CUENTOS

Ojalá algunos cuentos
no se quedaran enterrados
en la métafora vital
de los sueños.

Y existiese un cielo
sin tantas manchas de bombas
surcando el firmamento
como muertes de paso
por el mundo.

Ojalá que algunos cuentos
no los contara Lewis Carroll.
Y Alicia no se asustara ahora,
cuando ya el gato no le dice
que cualquier camino
puede conducir a los espejismos
maravillosos de la infancia.

Ay, si los cuentos
siguiera contándomelos
el viento como en aquellos días
en los que no me apetecía
demasiado cabalgar en zapatillas
por las aceras.
Y la guerra era jugar
a conquistar todo el Risk.

Ojalá los cuentos
no lo fueran más.
Y no tuviese que contar
ahora algo más que números.
Otra gota de sangre, quizás,
de la que no olvidarme,
mientras escribo este poema.

Por añoranza de los cuentos.

viernes, 3 de diciembre de 2010

CONCEPCIÓN PROPIA DE SUERTE

La suerte,a veces, no llega en una combinación agraciada de números, una lotería o un pleno al quince casual. Tal vez, porque la verdadera suerte espera que la creamos fortuna desde nosotros mismos, mientras estamos vivos.

Poeta del Alba

CONCEPCIÓN PROPIA DE SUERTE

Yo no sé que entienden
todos los demás por suerte.
Tal vez, algunos piensen
que sea un número agraciado
repleto de millones
después de girar en una ruleta.

Otros crean que ha de brillar
más que el sol, cuando ilumina
las cifras a la derecha
de una cuenta bancaria.

Y otros simplemente
la busquen en cofres vacíos
que parecen repletos de aire
aúreo y oleadas argentadas
de monedas.

Y sólo puedo decir
que yo ya tengo la mía:
estar vivo y poder vivir
para contar mi vida
en estos versos.

HERMOSAS RUINAS


Las ruinas, a veces, son la mejor señal para un nuevo comienzo.

Poeta del Alba



HERMOSAS RUINAS

Todo se derrumba, a veces.
Y entonces, creemos
que todo ya se ha acabado
al embate de la primera tempestad.

Sin embargo, habría que creer
que, a veces, las ruinas
son la mejor señal
para un nuevo comienzo.

Hermosas ruinas cuyo vacío
se habrá de llenar
con nuevas páginas de paz,
ilusión y nuevos sueños
que se construyen
debajo de los párpados.
En cada mediodía que se asoma
a la mirada esperando
que alguien lo contemple.

Todo un mundo vital queda
quizás, después de la masacre.
Y un pequeño y dulce naufragio
por los mares insondables de la vida.

Hermosas ruinas, tal vez
para toda una vida por empezar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

POR QUÉ ESCRIBO




POR QUÉ ESCRIBO

Escribo, porque escribir
es adornar, a veces, la tristeza.
Brindarle un poco de mediodía
a las tardes que se arriman
a cada día lóbregas y solitarias.

Y amar, a veces, cada lágrima
que se asoma a los ojos
como otro paso de la corriente
marina y nostálgica de vivir.

Escribo, porque escribir, tal vez
es amar las palabras,
incluso hasta en las lágrimas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

MI SOLEDAD ESTÁ ACOMPAÑADA




MI SOLEDAD ESTÁ ACOMPAÑADA

Mi soledad ahora
está acompañada,
aunque llore a solas.

Porque me acompañan,
tal vez, las palabras
como el abrazo del viento
a la carrera de las nubes.

Aunque ahora escribir
sea contar a solas
cómo pasan mis horas.

Mi soledad ahora, ya ven
está acompañada por mi poesía.

ANTES DE LOS AÑOS

ANTES DE LOS AÑOS

Antes de que los surcos
de los años recorran mis ojos.
Y en el rostro asome la vejez
como una antigua primavera
sobre el árbol que ha perdido
en Septiembre las hojas.

Antes de mi vejez,
sólo quisiera decir algo más
Y me arrepienta, tal vez,
de no haber vivido
antes de que las agujas
del tiempo se clavaran
en mí.

Antes de los años vivir.

martes, 30 de noviembre de 2010

SILENCIO Y APLAUSOS


El silencio es el mejor aplauso

Jorge Saramago en el libro "Ensayo sobre la ceguera"



SILENCIO Y APLAUSOS

Tengo que callarme ahora.
Tal vez, el eco inaudible
del agua de mis ojos
en este momento sobra.

Y puede que el silencio
sea la mejor ovación
a este poema que escribo.

Que dialogue solo la tinta
con mis letras, y fluyan
las ideas como un río
de adjetivos, adverbios
y oraciones que vienen
a parar siempre a un mismo punto:
la belleza desnuda
de un simple verso.

Silencio ahora. Y aplausos
para el poema
que acaba de llegar.

lunes, 29 de noviembre de 2010

DIÁLOGO CON EL MAR




DIÁLOGO CON EL MAR

Ahora hablo con el mar.
Y lo escucho, y lo toco.
Cada uno de esos verbos de agua
que se deshacen en mis oídos
como el viento entre los dedos
para regalarme alguna canción
llena de nostalgia y espuma.

Hablo con el mar. Y en su vaivén
no deja de contarme cuán efímera
es cada gota que deja evaporarse
en las orillas de las costas.
Y cuánto puede decir el agua,
cuando se la escucha,
y se dobla en las yemas
de los dedos como una pez
al compás de la corriente.

Hablo ahora con el mar.
Y le escribo, quizás, ahora
con un poquito de sal
en las mejillas
cuán alegre estoy de existir,
mientras le hablo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

ERES DE TODO




ERES DE TODO

Eres de todas las cosas.
Eres agua en los lagos,
y letras en los papeles,
y música en los silencios,
y corriente en los ríos.

Piel, quizás, en otra carne,
y lluvia en otra tormenta,
y cielo en otra órbita,
y nube empujada por otro viento.

Eres de todas las cosas.
Y estás llena del mundo.
Sin embargo, nunca eres
lo que yo quiero que seas.
Abrazo de mis manos extendidas,
y los labios que reciban
mi vendaval insatisfecho de ternura
bajo la almohada.

Eres, tal vez, papel,
poema. Eres de todo,
menos parte de mí.

NÚMEROS CON ALMA




NÚMEROS CON ALMA

Ahora hay demasiados números
cuya vida rebasa los márgenes
universales de las matemáticas.

Números con alma.
Números que andan cada día
como fantasmas de cuya voz
sólo se acuerdan las baldosas
de pavimento de las ciudades.

Números que hablan.
Números cuyo corazón
se ha vuelto una piedra,
quizás, entre tantas rocas
de papel y cristales ahumados.

Y pensar que hay tanto
que se podría contar
sin usar los dedos,
y las calculadoras.

Tantas historias que se quedan
estancadas en la triste matemática
social del recurso humano.

Tantos números con alma
sin más historia que una cifra
sin laureles ni crisantemos.
Sin parte en la lluvia, y el agua.

Números con alma...

LA VIDA PESA




LA VIDA PESA

La vida ahora pasa, y pesa.
Y es plúmbea como el viento
después de levantar tempestades.

La vida pasa, y pesa.
Y ahora se vuelve un yunque
de recuerdos, a veces,
demasiado pesado,
cuando llueven diluvios
de nostalgia en los ojos.

Tal vez, deba quitarme
algunos gramos de tristeza
de mis palabras. Y existir
a cada instante
sin tanta melancolía pesada.

Para que no pese tanto
ahora mi vida.

sábado, 27 de noviembre de 2010

AL MENOS VENÍA BALTASAR




AL MENOS VENÍA BALTASAR

Recuerdo que estaba triste
aquel 6 de Enero de hace unos años.
Los ojos aún no se me habían nublado
de madurez. Y aún soñaba
con que viniera aquel negrito
a dejarme regalos sobre el sillón.

Cierto es que lloraba.
Y estaba triste. Sin embargo,
el polvo no poblaba mis pupilas.
Y los escombros
no eran el único techo
bajo las estrellas
que me cubría de la lluvia.

Al menos, venía Baltasar
a mi casa cada 6 de Enero
a dejarme, quizás, algo más
que ilusiones sin cometa,
y palomas mensajeras sin vuelo
en la miseria.

EN EL SILENCIO

EN EL SILENCIO

En el silencio
la ausencia se viste
de besos pretéritos,
y abrazos invernales.

Tengo frío, y estoy mudo,
aunque, a veces, la poesía
me quite esta mordaza
de tristeza que aún me ata
a tu recuerdo.

En el silencio
lo único que se escucha
es algo de poesía.
Es la nostalgia
de no querer olvidarte.

Lo que escribo
en este poema.

En el silencio...

viernes, 26 de noviembre de 2010

SOUVENIRS DE MON ENFANCE I

SOUVENIR DE MON ENFANCE I

J'en avais peur. J'en avais la trouille. Il faisait beau dans un parc de Fondillo. Le soleil luisait dans toute sa splendeur. Mais, il n'y avait que d'étincelles de stupeur dans mon regard. C'était la deuxième fois que j'essayais de faire de mon mieux pour vaincre ma peur de monter à vélo. J'avais toujours monté sur des vélos à roulettes jusqu'à ce moment là et je me souviens que j'ai crié de toutes mes forces à mon père de ne me pas laisser monter comme ça. J'étais comme un vieux râleur sans son bâton.

Je me suis égosillé .Aucun résultat. Il semble que mon père ne se méfiait pas de mes capacités pour dompter ce cheval farouche, cette bête sans roulettes sur laquelle j'allais monter. Il m'encourageait de toutes ses forces d'un coin qui se trouvait à la sortie du parc. Je me souviens que je l'entendais dire: « Mon fils, t'es courageux » « Tu pourras la « dompter » . « T'inquiète pas. Tu t'en sortirai, j'en suis sûre ».

Au début, je dois avouer que j'avais peur de me blesser tout en tombant. Et c'est vrai que je suis tombé sur mon cul un ou deux fois et que ça faisait vraiment du mal. Mais, à la troisième reprise, j'ai réussi à faire un tour entier au tour du parc sans tomber. Désormais, j'étais l'enfant le plus heureux du monde. Mon imagination commençait, à ce moment précis, à voler comme un cerf-volant qui retourne au sol cinq minutes après avoir parcouru le ciel sur les mains d'un gamin. J'étais libre comme le vent transperçant l'océan. Mon père avait raison quand il me disait que je pouvais. Vaincre ma peu c'était mon billet en premier classe à destination de mon innocence enfantine. Une leçon que je n'oublierai jamais. Merci beaucoup, papa.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LO SIENTO




LO SIENTO

Lo siento. Eso me dijiste
aquella tarde de Septiembre.

Lo siento sin hablar.
Tus ojos lloraban.
Y sabía ya, en ese momento,
que ese mar de aflicción
iba a dejar algo de sal
en mi orilla más tiempo
de lo que dura el vaivén
albo de una ola en la playa.

Las hojas que bailaban sueltas
de los árboles parecían predecir
nuestra caída como el ocaso
ensangrentado de la próxima noche.

Lo siento. Te tengo que dejar
a ti, y a tus sueños,
y a tu camino, y a tus horas
para vivir las mías.

Nuestros relojes han de separarse,
aunque, tal vez, en los recuerdos
aún tengamos tiempo para darnos
abrazos de aire en cada adiós.

Lo siento. Eso me dijiste.
Tengo que dejarte, contigo también.

ESTABA BUSCÁNDOTE




ESTABA BUSCÁNDOTE

Ahora estaba buscándote.
Estaba buscándote en alguna letra distinta.
Esperaba, tal vez, que un poema
me trajera el aroma fresco
de alguna flor que no se la llevase
el viento como el polvo
que habita mis ventanas.

Pero no he podido encontrarte.
Tal vez, estás demasiado lejos
hasta del aire y el cielo para tocarte.
Si, al menos, estas alas de papel
tuvieran ojos para imaginar
que aún puedo mirarte.

Ahora estaba buscándote.
En algún rincón solitario
de algún parque sin niños
sobre cuyas baldosas descansan
años de nostalgia que quiero callar,
aunque pida paso la inocencia
por abrirse paso en mis años.

Pero ya no eres nada.
Tan sólo, ausencia que escribo.
El primer y último, tal vez,
pasajero de mis recuerdos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

NO MIRARTE

NO MIRARTE

No mirarte atrasa el mediodía.
Todo lo que tengo
son tus ojos
para ver algo de luz
al final del túnel
de mi vida

Mírame....

VIVIR SIN ESTAR MUERTO


Me despierto siempre,
y siempre quiero estar muerto

Ramón Sampedro

VIVIR SIN ESTAR MUERTO

Es cierto que, a veces, estoy triste.
Y no quiero que lleguen más tardes
ensangrentadas a la mirada.

Porque no siempre amanece azul
el cielo, aunque no haya nubes
que lo cubran, ni tormenta
que arrastre el mediodía
a otra órbita más allá
de lo que puedo ver.

Sin embargo, me siento afortunado,
porque, tal vez, aún me quedan
algunas lágrimas para llorar
antes de que la tierra
me pida cuentas, y me torne
en parte de la lluvia,
y el barro, y las estaciones,
y los años, y la nada,
y sólo pueda contemplar
desde el polvo el paso incensante
de las despedidas
y los nacimientos.

Tengo suerte de estar vivo, tal vez.
Y poder escribir todos mis nombres,
los abrazos, y los saludos.
Los besos, y el segundo
en que la ternura se vuelve
poema después del arrumaco,
y los naufragios en las ausencias.

Soy afortunado. Aún vivo.
Y quisiera seguir viviendo,
tal vez, sin estar muerto.

Hasta entonces, seguiré escribiendo
toda mi vida.

martes, 23 de noviembre de 2010

AHORA MI VIDA




AHORA MI VIDA

Ahora mi vida.
Ahora no sé exactamente
lo que es mi vida.

Tal vez, un temporal de dudas
que busca algún claro
en las preguntas de sol
que hago al mediodía,
mientras espero que se disipe
la niebla triste de mi mirada.

No sé, no sé mi vida.
No sé lo que es ella.
Una batalla, quizás, contra mí mismo.
Una revolución de palabras
en las que sólo mueren verbos
cuyas lápidas descansan, a veces,
sobre los papeles en blanco
cual camarotes vacíos de un barco
esperando llenarse de viajeros.

Ahora mi vida.
No sé lo que es mi vida.
Y tampo, tal vez, deba perder el tiempo
pensando en otro tiempo.

Porque ahora me llega
mi vida.

Aunque aún no sepa muy bien
lo que significa estar vivo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

NO QUISIERA QUE NADIE




NO QUISIERA QUE NADIE

No quisiera tener que hablar
más tiempo de nadie.

De un nadie cuya voz sólo
escucha el asfalto podrido
de alguna ciudad sin limpiar
por la noche.

De un nadie cuyos recuerdos
sólo abraza el cristal sucio
de algún zaguán, mientras se mira
el rostro arrugado en los charcos
que deja la lluvia en las aceras.

Y de un nadie cuyo único techo
son las estrellas estorbadas
en su mirada alienada
por el temblor de alguna farola.


No quisiera seguir hablando
de nadie, y que tenga corazón
cada latido que le golpea
el pecho.



Nadie. No puedo seguir
conversando en este poema
con nadie.

Porque nadie también soy yo.
Y no quisiera que el polvo
fuese lo único que abrazar
en una fría tarde de invierno.

Porque nadie también soy yo.

ES CIERTO QUE LLORO




ES CIERTO QUE LLORO

Es cierto que lloro mucho,
cuando intento caminar
sobre tus pasos, y descubro
que mi camino ya se ha perdido
en estas letras de nostalgia:
te recuerdo tanto que, a veces,
me olvido de que el mundo
sigue girando fuera de tu cuerpo.

Es cierto que lloro al pensarte.
Pero he de decir que, al menos,
el viento gélido del invierno
me eriza los cabellos,
cuando te recuerdo.

Y existo, aunque no quisiera,
a veces, que la primavera
regalase flores a los campos
sin que mi ternura sembrase
temblores en tu espalda
en cada paso por tus mapas.

Lloro cuando no te olvido.
Y me alegra, al menos,
no saberme muerto,
mientras te espero en cada poema.

sábado, 20 de noviembre de 2010

HABÍA QUEDADO CLARO

HABÍA QUEDADO CLARO

Creía que había quedado claro.
Te ibas a marchar ya.
Y nos dijimos adiós aquella tarde
para nunca volvernos a ver.

Sin embargo, aún pueblas
todos mis ojos en las calles.
Las hojas amarillentas,
y las fotos medio rotas
que aún cuelgan de mis armarios.

Porque despedir al corazón,
un fuego que casi ni se ha encendido.

Y perder un camino, tal vez,
para seguir los malos pasos
hacia atrás de la nostalgia.

Nos dijimos adiós.
Y aún me resisto, tal vez,
a que te apagues como la última
ceniza de un cigarro,
o la última luz de una farola
en la madrugada.

Porque te miro,
aunque ya no tengas
más ojos que mis sueños.

jueves, 18 de noviembre de 2010

TE ESCONDES




TE ESCONDES

Te escondes ahora.
Eres como una ráfaga de viento
que toca sin ser vista,
y roza sin que nada
le pida su caricia de oxígeno
en movimiento.

Te escondes ahora.
Y sin embargo, sé dónde estás.
Porque escribir es, tal vez,
la única forma de explorar
lo que me deja de ti el olvido.

La única manera de fecundar
un verbo de amor en la ausencia.
Y que me alcances, aunque
nunca las manos se entrelacen,
y te vuelvas un ave fugitiva
en mis abrazos de papel y tinta.

Te escondes ahora.
Pero no por mucho tiempo,
mientras me quede algún minuto
para escribirte.

LOS SUEÑOS NO SE ACABAN

LOS SUEÑOS NO SE ACABAN

Los sueños no se acaban,
a veces, en un golpe de párpados,
cuando ya nos deja en el frío
de la noche, desnudos una sábana.

Solo se acaban. Se terminan los sueños,
cuando pesan demasiado los años
en los ojos, y la edad
se nos vuelve un yunque
demasiado pesado de recuerdos.

Porque, a veces, despertarse
cuesta más que la gravedad
de existir.

Y no es fácil temblar después
sin que exista el miedo.
Sin que se pongan hirsutos
los cabellos, soñando.

Ahí, cuando se amanece
casi sin querer.
Ahí se acaban los sueños.

TENER AMIGOS




TENER AMIGOS

Yo quisiera tener amigos.
Amigos que sepan conjugar
la amistad en el corazón.

Porque hay muchos que acompañan
en tiempos de Olimpo y laureles.
Pero pocos se quedan,
cuando llueven cascadas
de lágrimas de los ojos.

Yo quisiera tener amigos
a quienes regalarle mi historia.
Oídos que no se tapen,
cuando golpee en mi puerta
la desgracia ensangrentada
de tristeza y aflicción.
Y alguien que sepa morir
conmigo sin enterrarse.

Yo quisiera tener amigos
que sepan viajar conmigo,
sin darme siempre la mano.

Que sepan volver a mí,
quizás, en un recuerdo.

Yo quisiera ahora
tener amigos, amigos...

martes, 16 de noviembre de 2010

TU AUSENCIA




TU AUSENCIA

Tu ausencia, tal vez,
es lo único que me queda.

Empujar un verbo vacío
quizás, hasta tus caricias
de aire para tocarte,
y que el viento se lleve
otro trozo más de mediodía
sin que tú cortes el sol
en tu mirada.

Tu ausencia
lo único que me queda
para no decirte adiós, todavía.

lunes, 15 de noviembre de 2010

DEMASIADOS CADÁVERES




DEMASIADOS CADÁVERES

Ahora hay demasiados cadáveres
andando por las calles.
Demasiados silencios enterrados
bajo el estrépito de las prisas,
los semáforos cuyo color rojo
no se ha de saltar corriendo,
y demasiados latidos que se pierden
bajo el ruido mundanal
de un bienestar de cristal
y escaparate ensoñado.

Demasiados cadáveres andando.
Y demasiadas lápidas talladas
más allá de los cementerios.

Porque, tal vez, cada vez
quedan menos verbos vivos
que hablen sin gastar
palabras en cada conversación,
y que miren sin dejarse guiar
por las luces de una triste farola
de fantasías perdidas.

Supongo que ya lo decía el poeta:
a veces, se está muerto
aunque nos lata el corazón amigos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

ANDAR POR TU CUERPO




ANDAR POR TU CUERPO

Llevo mucho tiempo
sin andar ya por tu cuerpo.
Y echo de menos que mis manos
recorrAn los senderos abruptos
que conducen a tus curvas,
cuando en un estremecimiento
se juntan nuestra sed de ternura,
y un ahora amargo
sabor a ausencia.

Andar por tu cuerpo con los dedos.
Sentir, durante un momento,
ese secreto telúrico y femenino
que encierras tras la ropa.
Y conjugar la alegría
sobre tus verbos de lujuria,
y las gotas de lluvia
de rocío sobre tu piel.

Echo de menos
quererte como antes.
Y todo lo que llega de amor
a mis costas son solo poemas
al mar, y la desilusión
de haber andado, tal vez,
algún día por tu cuerpo.
Y que ahora solo la noche
te aproxime hasta este poema.

sábado, 13 de noviembre de 2010

I LOVE WRITING WHEN LOVING YOU


I LOVE WRITING WHEN LOVING YOU

I love writing
when loving you.

Because your words are different.
Your words are music
when everything is silence
and no one dare to break it
into invisible scores of passion.

Your words are more than
just a name scribbled down
on a dirty sheet of paper.

Your words are the rain
I love to be wet by,
because every raindrop
is delicious if fallen from your tears.

I love writing
when writing is telling you
how beautiful my world is
when holding you in my hands.

I love writing
when loving you.

ESCRIBIR POESÍA


ESCRIBIR POESÍA

Escribir poesía.
Aún no sé que significa
escribir poesía.

Sin embargo, a veces,
es como si los márgenes
del papel empezaran a curvarse,
cuando la inspiración toca
a las costas de mis sueños.

Y viajo, tal vez, en un adverbio
a todas las islas prohibidas
de mis verbos, los adjetivos
oníricos de mis pasillos azules
hacia el cielo,
y el fuego vital que rezuma
de la tinta que se escapa
del bolígrafo para volar
sobre mi subconsciente.

Escribir poesía,
cuando la música del mar
golpea en su vaivén
de otra manera en mi mirada,
y en una ráfaga de viento
me atrapa el sustantivo
del aire con un águila
en sus lomos invisibles.

Y escribo, entonces, poesía.

viernes, 12 de noviembre de 2010

SOY UN ALTO BAJITO Y LOCO


Esos locos bajitos

Título de la canción de Serrat "Esos locos bajitos"



SOY UN ALTO BAJITO Y LOCO

Yo también fui un niño.
Un loco bajito de esos
a los que cantaba Serrat.

Un ser que se despertaba
cada seis de enero creyendo
que los camellos habían llegado
a casa a dejar gramos de sueños
sobre los sillones.

Cinco, seis, siete,
y más calendarios anuales
que corrían por el cielo
en bicicleta de rueditas.

Y una mirada que nunca cejaba
en su empeño de viajar
más allá de la raya del horizonte
bajo unas sábanas
pobladas por los sueños.

Yo también fui un niño.
Y es cierto que ya los años
me han hecho crecer.
Tengo más estatura,
y soy más alto,
aunque no pueda tocar
aún el sol en zapatillas.

Aún así,
a mis veinticinco años
soy un alto bajito y loco.
Y quiero seguirlo siendo,
aunque mis centímetros
ya digan lo contrario.

TU HISTORIA

TU HISTORIA

Hay millones de bibliotecas en todo el mundo. Y podría recabar millones de páginas de historia en sus instantes para satisfacer mi ansia de conocimiento. Sin embargo, sé que, en este momento, me faltaría una que no descansa sobre los estantes de ningún edificio con olor a libros y siglos. Me faltaría ahondar en tu mirada; navegar en el brillo de tus ojos para buscar ese solo que no existe en los días lóbregos y tristes en los que sólo amanece sobre el cristal de las ventanas; escribir algún párrafo de mis aventuras, mientras mis manos exploran las infinitas maravillas curvilíneas de tu cuerpo; fecundar otra primavera en pleno Diciembre, mientras siembro ternura en tus labios; y, tal vez, contarte cómo me va sin silbárselo al viento. Ya ves, hay un mar de historias en el que podría sumergirme. Sin embargo, ahora sólo me interesa margullar, al menos, en aquel que porte tu corriente. Tal vez, porque no me apetece seguir escribiendo párrafos vacíos en mis viajes por la vida.

LADRAR LOS PERROS




LADRAR LOS PERROS

Sólo deberían ladrar los perros,
y no el hambre
en los estómagos vacíos.

Sólo deberían.
Deberían hablar las palabras,
y los verbos sin sangre
sin que ninguna granada
imponga su herida
en la tierra para conquistarla.

Y quisiese tanto ahora
que sólo barriesen polvo
las escobas, a veces,
cuando tantos escombros
humanos vagan sin rumbo
y sin papeles por el desfile
de máscaras del mundo.

Sólo deberían...
Debería escucharse el silencio,
cuando se quiere paz
sin que el estrépito de una bomba
proclame mucho futuro
después de sembrar la masacre.

Y es una lástima que la lluvia
no siempre bañe los campos
de rocío: corren tantos ríos
de plasma seco por el planeta
para saciar
manantiales de ambición...


Sólo deberían
ladrar los perros....

jueves, 11 de noviembre de 2010

LO QUE DECIMOS QUE PASA

Lo que pasa es siempre algo bueno

Anónimo

LO QUE DECIMOS QUE PASA

Lo que decimos que pasa
es casi siempre algo bueno.

Porque, tal vez, lo contamos.
Y es cierto que ya ha sucedido,
tal vez, que ya no es más
que otra hoja arrancada del calendario.
Otro estremecimiento
de cuyo golpe en las alas
de la mariposa del vientre
ya no sentimos nada.

Otra historia pretérita,
y otro borrón de sol, tal vez,
que añadir a otros mediodías.

Pero, pese a todo, lo recordamos.
Lo guardamos en la sangre
para que fluya en los ríos
de otros sueños, y otras memorias.

Y lo regalamos, tal vez, a cada paso
de cemento de las calles.
A cada camino que andamos,
a cada piedra en la que tropezamos,
a cada nombre que ponemos
a nuestro suspiro vital.

Lo bueno casi siempre
es lo que decimos que pasa.

NUESTRO SECRETO




NUESTRO SECRETO

Me hubiese encantado, entonces,
que nuestro secreto
hubiese pertenecido a la tierra.

Que la primavera nos hubiese regalado
más estaciones de flores en los abrazos.
Y que no se llevase el viento ahora
todo lo que pudimos ser
sin tornarnos aire de olvido
en su corriente.

Ahora todo lo gobierna
la ausencia, mientras gritas
tu silencio bajo la almohada.

Me hubiese encantado
que hubieses sido tú,
en aquel instante
sin cerrar los ojos
para llegar a tocar.

Tú, y yo.
Un secreto de la tierra.
Nuestro secreto.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SOY Y NO SOY AQUEL




SOY Y NO SOY AQUEL

Soy y no soy.
Aquel que te esperaba
en los bancos de aquel parque
a que vinieras arrasando el fuego
en tu abrazo de ternura.

Y aquel que, quizás, te espera
sin ser el mismo que aguarda
tu corriente para saciar
un río sempiterno de nostalgia
y soledad.

Soy y no soy, ya ves
aquel cuya mirada te busca
tras los papeles
sin encontrar reposo
en algún margen de tu cuerpo
para dejar de llorar tinta
en los poemas.

Y aquel que ha aprendido, quizás,
que, aunque quede rescoldo
después de la llama
no sirve nada intentar avivarla
cuando el viento sopla
en una sola dirección: el olvido.

Soy y no soy.
Aquel que, tal vez, aún te ama.

martes, 9 de noviembre de 2010

DE REGRESO




DE REGRESO


Algunas veces regreso. No sé cómo puedo con el mar, pero regreso. La memoria me devuelve a unos pasillos de mármol sobre cuyas baldosas pasearon tantos recuerdos y tantas carreras infantiles en triciclo. Y me imagino a los juguetes de las estanterías regalándome una cándida sonrisa de metal, que lucha con el olor a décadas pasadas y el polvo por abrirse camino hasta una mirada inocente. Me imagino, también, a la cocina dándome una cálida bienvenida con sus deliciosos torbellinos de sofritos y dulces embriagando a mis sentidos. Y mi madre prologando el momento con ese tacto frágil y mágico para emborrachar de pasión alimentaria a mi nariz. Toda la familia, después de la sesión de chistera culinaria y maternal, se reúne entonces, tras los umbrales de mi fantasía, en la mesa. Y charlamos todos, y reímos como si los huesos de madera astillada de algunas sillas viejas no crujieran cual columna avejentada, y el café expreso no impregnase los antiguos recibos. Porque recordar es como volver a casa, a veces, sin haber partido de regreso allá donde se nace. Sin embargo, es algo tan efímero como la espuma que la corriente se lleva océano adentro tras el baile con la arena, como el mar cuyo vaivén me devuelve ahora a la habitación desde la que regreso, quizás, a mi antigua casa.