LLEGASTE
Viniste, llegaste
a mi vera sin pensarlo.
Tocaste la puerta de mi alma
sin que yo supiera muy bien
a que se parecía aún mi desnudez.
En mi guerra de silencio
me brindaste de repente
una paz tierna de besos
y arrumacos que siguen incendiándome
la piel, pese a la distancia.
Llegaste, y sin saber cómo,
te convertiste en un momento
en el mejor poema de todos.
Con la diferencia de que el nuestro
se escribe ahora en las caricias.
Llegaste.
Simplemente, llegaste.

0 comentarios:
Publicar un comentario