HIJA DEL MAR
Ahora estoy triste, pero radiante
porque atesoro un hermosa memoria,
que ahora rezuma como una ola
de nostalgia que arrecia
dulcemente en las costas
de tu perenne encanto.
Ya no estás, y sin embargo,
el bramido sutil y alambicado
de tu mirada oceánica
sigue rompiendo en la orilla
mágica de estos versos.
Y resuenas fuerte en mi alma
como una marejada que no arrambla
puertos o destroza navíos,
sino que levanta el corazón
con un latido de diástole marina
e inmenso afecto filial.
Eres infinita,
más allá del mundo.
Y sigues conmigo,
con esos ojos añiles
de tintes oceánicos cuya dulzura
sigue retumbando en mi singladura
por tu recuerdo ahora.
Porque eres y serás siempre
hija del mar, mamá.

