HALLELUJAH
Ahora ya puede que hayas seguido
a Susana en sus hermosos periplos
para escuchar el amor del río,
y los susurros del mar,
y los viajes locos a ciegas
hacia alguna metáfora terrenal
de esas que se entregan
con la belleza de un beso sincero.
Te has marchado desde Montréal
a aquellos versos celestiales también
que algún día compusiste
desde el cajón hermoso
de algún recuerdo tuyo.
¡Hallelujah. Leonard!
Susana ya está más cerca quizás
de mirarte a la transparencia
límpida de tu tierna melancolía
desde los ojos azules del firmamento.
¿Quién sabe si ya te habrás montado
en una nube y ahí también
te has reunido con Marianne?
¡Hallelujah, Leonard!
Puede que te hayas marchado
del mundo, pero tus letras
son como las buenas memorias:
solo mueren cuando las olvidan
aquellos que nos quisieron,
aun sin beso ni caricia de por medio.
Y ni yo, y estoy seguro de que tampoco Susana
hoy te olvidamos.
¡Hallelujah, Leonard!