DE VIAJE ENTRE LIBROS
Sigo en la ciudad.
No me he ido muy lejos.
Y sin embargo, ahora,
entre fragancias de historias
que tal vez nunca sucedieron,
y otras que pasaron,
pero de las que nadie se acuerda.
Entre olores de hojas viejas,
envejecidas conversaciones,
el verbo emerge como un ruiseñor
que se eleva ingrávido
entre yunques de rutina.
De las palabras emerge
un viento que solo conocen
ahora mis alas de sabiduría,
calma y belleza.
Abro las páginas de un libro,
como si fueran también
las alas de una mariposa,
y por un momento
me siento ingrávido,
acunado en otro mundo,
lejos del mundanal
y ensordecedor ruido.
Y solo pido:
déjenme tranquilo.
No me he ido muy lejos,
pero estoy de viaje
entre libros.

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