MÚSICA PARA EL ALMA

martes, 31 de diciembre de 2013

OTRO AÑO MÁS

 
 
OTRO AÑO MÁS

La noche última
del año envejece,
mientras la tarde
se desmelena de ocaso
en el horizonte.

Y llega otro año al calendario.

Hay quienes piden
un próspero azar.

Yo solo pido
seguir mirando al mundo
desde la belleza,
y desde mis ojos.

Si puede ser
otro año más.

domingo, 29 de diciembre de 2013

2 HAIKUS MÁS



2 HAIKUS MÁS

I

Llega otro año.
La lluvia sigue igual.
Gota a gota hacia el mar.

II

Pianos muertos,
pero la música existe.
La vida sigue.


viernes, 27 de diciembre de 2013

NO QUIERO DESLUMBRAR



NO QUIERO DESLUMBRAR

Procuro solo brillar.
No quiero deslumbrar,
no vaya a ser que se agote
la breve estrella que llevo
en el ser dentro.

Solo brillar, sin encandilar.
Sin iluminar mucho más, quizás,
que la farola que ahora mismo
me señala a ráfagas de bombilla
el camino a casa.

No quiero deslumbrar,
sino solo brillar.

Para que se ponga, tal vez,
algo de solo en este balcón
cuando esté triste.

Solo eso. Brillar.

jueves, 26 de diciembre de 2013

NOVENO DISCURSO HUMANO (DIVERSAS FORMAS DE MORIR)



NOVENO DISCURSO HUMANO
(DIVERSAS FORMAS DE MORIR)

No voy a extenderme demasiado ahora. No se lleven a engaño. La vida es demasiado efímera como para existir solo desde las líneas de un lacónico discurso. No obstante, siento que debo volver a decir algo en esta tarde algo gris. Algo que igual gusta o disgusta.

Hay muchos que afirman que morir supone el último instante de la vida. La última sístole o diástole del corazón en el pecho. El último suspiro. El último susurro. La última carcajada. El último aliento o la última vista atrás en busca de los instantes bellos o tristes que pudimos experimentar mientras nos duraba la respiración en los pulmones o seguían en pie las cortas alas de nuestros sueños y todavía teníamos fuerzas para despertar no siempre de la mejor manera.

Y hay otros que dicen que morir también implica dejar que pasen los segundos, los minutos, las horas, y los años y nos vaya degradando sin avisar la sangre hasta el día en el que le toque a alguien querido enterrarnos y decirnos adiós. Estoy bastante más de acuerdo con esta opinión. Y ahora les diré brevemente por qué. No vaya a ser que la vida se me escape entre estos párrafos.

Veo, observo, contemplo demasiados rostros cabizbajos de camino al trabajo en el bus. No parecen felices, aunque puede que algunos estén ganando hasta 5000 euros brutos al mes. Se les ha perdido esa trémula estrella brillante en la pupila en algún lugar. Quizás, se la ha tragado una deuda descomunal o el simple hecho de apagarse por no atrever a vivir, por querer una vida estable, por no osar hacer algo diferente.

Oigo, escucho lamentos silenciosos en los bares. Las pupilas condescendientes se quejan sin decir una sola palabra, porque parecen no hablar. Pero me están diciendo algo en un diálogo propio de los hermanos Marx en la década de los cuarenta. Detiene un desconocido sus pupilas en mí como si me pidieran ayuda. Es un SOS sin taquígrafos de por medio que intento descifrar.

Parecen morirse esas almas sin remedio, antes del último suspiro, la última carcajada o el último latido. Como el líquido de una cerveza derramada en el asfalto al amanecer. Sin más historia que una huella algo mefítica. Y, entonces, me pregunto si tenían razón los primeros que he citado. Si solo se muere cuando se nos apaga la vida o si también puede difuminarse como los colores de los Plastidecor en cuanto marginamos a la inocencia o las ganas de ser para volvernos cuerdos adultos sin más ilusión que construir una familia, tener una casa y escribir un libro. Hay tantos muertos prematuros en este potencial Olimpo de dioses y astros humanos sin historia en los mitos. Hay tantos cementerios ambulantes que creo, a veces, que daría menos miedo adentrarse en uno real.

Y solo puedo ahora alzar mi voz sin alargarme demasiado y decirle a mi vida que estoy aquí. Y que quiero conocerla en profundidad. Hasta que la muerte deje de darme su aprobación. Con un último latido con el que diré, tal vez, no adiós, sino hasta luego. Vida mía...


YO CREO



YO CREO

Yo creo en muchas cosas.
Creo en los sonidos del mar,
leer alegría o tristeza
entre las líneas de una sonrisa.

Asustarme ante la tormenta.
Alegrarme si alguien desembarca
en el beso de su pareja
cual marinero en busca de la orilla
paradisiaca a la que no parece llegar.


Sí. Creo en muchas cosas.
Y, muchas veces, creo
en los sueños que todavía
pueden vivirse despiertos.

En la humedad desconocida
por la lluvia de tus labios.
Y en ti, sobre todo en ti.

Creo mucho en ti
sin que me haga falta
erigirte panteones
o elevarte a un Olimpo
imposible para los mortales.

A veces, no cuento
con esos ascensores
de constelaciones y cielo
que parecen tener otros poetas.

Pero sé que tengo tu amor cerca,
y la belleza acechando
dulcemente desde otra ventana
bastante próxima a mi balcón
de ausencia y nostalgia de ti.

Y eso me hace creer mejor
en todas las muchas cosas que creo:
el mundo, la poesía,
la vida vivida entre poemas,
los sueños, y la belleza.

Y, sobre todo, en ti.
Yo creo....


miércoles, 25 de diciembre de 2013

ESCUCHAR LA VIDA



ESCUCHAR LA VIDA

Ahora no me limito a oír.
El río canta y aguarda
que alguien se detenga tranquilo
a escuchar sus acordes
de agua corriendo al mar.

Una mariposa en arrullo
revolotea entre tanto bullicio.

Una margarita se deshoja
y vuelve a componerse.

El viento habla de canciones
pasadas y sueños emigrados.

Las calles componen
bandas sonoros hermosas
bajo el asfalto en que se oculta
la belleza y sus acordes
cotidianos de ternura o melancolía.

Y la vida crepita, tiembla,
corre, vuela, se emociona,
siente y me late sin desgastarse
ahora tras el pecho.

No me limito a oír supongo.
Quiero escuchar la música
que ha de brindarme, 
pese a todo, esta tarde
de nostalgia la vida.

martes, 24 de diciembre de 2013

INVENTARTE

 
 
INVENTARTE

Inventarte, me digo.
Quisiera invertarte,
y que fuera tan fácil
como si me miraras de frente
sin dibujar tus pupilas
metafóricamente en mis ojos.

Inventar tu sonrisa,
tus labios calientes 
todavía en el latido
inaudible de un beso
que todavía quiero darte.

Tu silueta como si moldear
el aire que respiras casi conmigo
fuese algo tan sencillo
como construir puentes de papel
en aquellos años de la escuela primaera.

Y también aquellos paisajes
increíbles de cuyas estaciones
todavía se acuerda mi primavera
a la espera de aquellas rosas
de ternura que sembrabas
siempre desde la caricia.

Inventarte. En la poesía
inventarme el amor contigo,
si es posible también 
estando tú.