MÚSICA PARA EL ALMA

miércoles, 2 de mayo de 2012

CAMINANTE DE SU CUERPO



CAMINANTE DE SU CUERPO


Aún sigue caminando.

Amanece otra cálida mañana de albores de mayo. El sol asoma su silueta estelar en el horizonte. La mañana es tranquila, sencilla y rutinaria como de costumbre. Carlos y Yaiza se desperezan del sueño que aún acapara los párpados como un dulce yunque del que cuesta desprenderse mientras las legañas luchan por otro minuto más en los ojos. Se miran frente a frente. Se regalan otra mirada frágil y simple con la que nace otra vez el cariño que parece perderse entre el tumulto, el caos y la molicie que padece cada día una urbe repleta de abrazos de asfalto y labios de pavimento. Quieren surcar la lujuria durante un momento más antes de tener que decirse adiós: Yaiza ha de marcharse de viaje de negocios a las antípodas geográficas de Australia. Eso sí, sabe que echando de menos a Carlos la distancia no será tal durante las dos semanas que va a durar el periplo. Transitan la caricia con los dedos, mientras caminan por sus cuerpos con las manos ávidas de piel y largos arrumacos. Son transeúntes del deseo unos minutos más, hasta que suena el despertador y deben abrigar su desnudez en esos atavios de trabajo con los que se disfrazan durante un momento de cordura social y buenos obreros. No quieren terminar de despedirse.

- Yaiza. No me gusta que hagas siempre tantos viajes de negocios. No pasamos juntos todo el tiempo que me gustaría. Además, me dan mucho miedo los aviones, y lo sabes - dice Carlos.

- Lo sé, cariño. Soy consciente de ello. No temas que estaré de vuelta en un santiamén. Me han dicho, además, que este será uno de mis últimos viajes. No tendré que hacer más viajes de este tipo.

- Me alegra oírlo. Espero con ilusión ese momento en el que no tengamos que separarnos tan a menudo. Sabes que voy a echar de menos andar por tu cuerpo y, en definitiva, amarte como lo mereces.

- Muchas gracias, yo también cariño. Debo marcharme. Hasta luego.

-Hasta luego y que vuelvas pronto, Yaiza.



Aún resuena ese "hasta luego" en lontananza. Demasiado larga la separación que prometía ser más bien breve. El tiempo ha corrido demasiado, tal vez. La sigue besando. La sigue palpando como la piel de una naranja cuya esencia embriaga hasta al enemigo más acérrimo de las frutas. Pero ya no está ahí. Lleva dos años transitando a solas por la caricia desde que un avión de Qantas se estrellase y segara la vida de su novia y futura prometida. Tenía pensado regalarle un anillo de compromiso. Ahora se ha quedado como un túnel de un centímetro de oro a la espera de la soledad que nunca viene acompañada.

Se tiene que despertar otra mañana, más dura incluso que las anteriores. Cada vez más dura. Ya no es dulce quitarse el peso del cansancio por las mañanas, porque ahora solo le queda aferrarse a la silueta de Yaiza que todavía recorre las cuatro esquinas del colchón. Solo puede tocarla así, casi sin las manos. Su amor naufragó en las Antípodas, mientras la ternura sigue bordeando las costas del olvido. Aún vuelve. Piensa que vuelve.

Después de los pasos de la lujuria por esa lluvia perlada de sudor de antaño, aún Carlos sigue caminando por su cuerpo. Inevitable fue el choque. Inevitable seguirla tocando.

1 comentarios:

Philip Walker dijo...

Tan armonico, fueron sus pasos mientras caminaban por sus cuerpos, que pude sentir el relieve y el terreno.